Irmina regresó a su oficina sin haberse sentado aun cuando Romina, su secretaria, se acercó a llamar a su puerta con una voz seria: "Dra. Monroy, el Rector Luis la está buscando, por favor, pase por su oficina".
Irmina asintió: "Está bien, voy enseguida".
Romina recibió la respuesta pero no se marchó de inmediato, sino que continuó esperándola en la puerta, como si temiera que ella no fuera a la oficina del rector como se le había pedido.
De pie junto a su escritorio, Irmina habló en voz baja: "Voy a ingresar la información del paciente y enseguida me dirijo allá".
Romina seguía de pie en la puerta de la oficina: "No hay problema, puedo esperarla, Dra. Monroy. Pero parece que la dirección ha decidido suspenderla, así que alguien más vendrá a tomar su lugar en estos asuntos".
Al oír eso, Irmina dejó los documentos del paciente sobre el escritorio y miró a Romina. Con una leve sonrisa en su rostro, Romina la miraba con un brillo de desafío en sus ojos.
Irmina y Romina no interactuaban mucho, incluso podían pasar meses sin verse. Anteriormente, Irmina no le había prestado mucha atención, pero en ese momento, viendo un atisbo de hostilidad en su mirada, no pudo evitar sentirse perpleja.

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