Nuriel no iba a perder esa oportunidad, así que arrancó el carro y salió tras ella. Amalia, viendo desde el espejo retrovisor que Nuriel la seguía, no pudo evitar fruncir el ceño, había sido advertida por Tirso, así que no quería tener nada que ver con ella o con Yago.
Pero viendo que ella la seguía de cerca y estaba a punto de llegar a su casa, decidió parar el carro al lado de la carretera, no quería que ella supiera dónde vivía. Después de todo, gente como ellos, una vez que se te pegaban, no había quien los despegara.
Apenas Amalia había parado el carro, el de Nuriel también se detuvo justo detrás. Ésta bajó rápido de su carro y se acercó, tocando suavemente la ventana.
Amalia entonces bajó el vidrio, mirándola con una expresión de confusión fingida.
Al ver que Amalia bajaba la ventana, Nuriel la saludó rápidamente: "Srta. Duque, hace tiempo que no nos vemos".
Amalia, con una cara de confusión, preguntó: "¿Nos conocemos?".
Nuriel no esperaba que ella no la recordara, su expresión se tensó y su sonrisa se volvió incómoda: "Soy Nuriel, Srta. Duque, ¿no se acuerda? Estudiamos juntos en el mismo colegio, yo era amigo de Yago y de Elián".
Amalia la miró de arriba abajo. Nuriel, sintiendo su mirada, un sentimiento de inferioridad brotó en su interior; intentaba mantener un semblante calmado mientras sostenía la mirada, tratando de sonreír apropiadamente: "¿Ahora lo recuerda, Srta. Duque?".

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