"¿Esta es tu novia?", Amalia empujó a Tirso con un gesto juguetón. "¿Cómo es que no la presentas antes?".
Ante esa pregunta, Tirso sonrió con picardía, su mirada se posó en Lola, y con una sonrisa burlona, preguntó: "¿Crees que hacemos buena pareja?".
Amalia, sin pensarlo dos veces, respondió de inmediato: "Por supuesto".
En ese momento, Lola intervino oportunamente, con una actitud humilde y cortés: "Srta. Duque, un placer, soy la secretaria del Sr. Fuentes, me llamo Lola. El Sr. Fuentes me ha enviado para ocuparme de usted. Si necesita algo, solo dígamelo".
Al escuchar la presentación de Lola, Amalia se quedó parada, girando la cabeza hacia Tirso: "¿No es tu novia?".
La sonrisa en el rostro de Tirso se hizo más evidente: "No lo es. Pero quién sabe si lo será en el futuro".
Lola no pudo evitar fruncir ligeramente el ceño, pero aun así, con todo respeto, le dijo a Amalia: "Srta. Duque, estaré justo afuera. Si necesita algo, solo llámeme y entraré".
Amalia, aún sorprendida, asintió con la cabeza, observando cómo Lola se retiraba. Al irse, ésta incluso cerró la puerta del cuarto de hospital de manera sutil; esperando a que la puerta se cerrara, Amalia lanzó una mirada a la sonrisa irritante de Tirso, diciéndole sin rodeos: "Deja de sonreír, ustedes no son compatibles".
Tirso: "¿Por qué?".

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