Nuriel nunca esperó que Irmina adoptara su manera de hablar. Entonces su rostro cambió de color y se sintió profundamente humillada. Sin embargo, al siguiente segundo, ella le mostró una sonrisa con los dientes a la vista e incluso levantó ligeramente una ceja, mostrando una actitud de total desdén, lo que dejó a Nuriel completamente desarmada.
"¿Crees que Elián ha estado tan pegado a ti porque le gustas? Solo estaba momentáneamente obsesionado contigo. ¿No lo sabías? Se casó contigo tan precipitadamente solo porque la mujer que realmente le gustaba se había ido al extranjero y se casó con otro hombre".
"De hecho, soy una persona insignificante ante Elián, mi mera existencia ya te hace sufrir tanto, no quiero imaginar cómo te sentirás cuando esa mujer regrese, ¿seguirás sintiéndote tan orgullosa?".
Nuriel le lanzó a Irmina una mirada fría. Ésta última, con una expresión indiferente, no se inmutó por esas palabras, sino que respondió con una sonrisa: "Gracias por tu amable advertencia. Así que solo soy una persona insignificante, qué difícil debe ser para ti, tener autoconciencia solo para tratar de derribarme. Lo que Elián haga, a quién ame, realmente no me importa tanto. Después de todo, no necesito, como tú, desesperadamente buscar entrar en la alta sociedad".
Esas palabras golpearon un punto sensible en Nuriel, quien se quedó con una expresión rígida y la miró llena de hostilidad: "Tú simplemente tienes suerte".
Irmina asintió levemente: "Sí, a veces tener suerte es algo inevitable. Pero ante Elián, ya no tienes ninguna carta que jugar, ¿verdad? Pretender ser yo durante seis años, toda la culpa y la simpatía que obtuviste de Elián parece haberse agotado. Cuando la mujer de la que hablas regrese, ¿no significa eso que no tendrás cómo competir con ella?", sabía que para enfrentarse a alguien tan descarado como Nuriel, tenía que actuar con la misma falta de vergüenza.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor!