Irmina se inclinó para subir al auto. Después de que Elián cerrara la puerta del vehículo, caminó hacia el asiento del conductor y se sentó, arrancó el coche y salió del estacionamiento subterráneo.
Durante el trayecto, él dejaba claro que no iba a disputar la custodia de Andy con ella, pero que debía cumplir con su deber de cuidarlo. Hablaba con seriedad, lanzando miradas cautelosas de vez en cuando hacia Irmina, quien permanecía en silencio; él expresó: "Irmina, sé que no te gustaría que me acercara a Andy como su padre, pero al fin y al cabo lo soy. Quiero compensarle por los años que le he fallado".
Irmina lo miró con indiferencia y respondió con voz firme: "Lo que decidas hacer es asunto tuyo, no tienes que informarme", así como nunca impidió que Andy decidiera cómo relacionarse con él. En ese momento que él sabía la verdad sobre el niño, y éste sabía que Elián era su padre, cómo decidieran llevar su relación era asunto de ellos. Solo esperaba que Elián no pensara en llevarse a Andy lejos de ella.
"Explícale tú mismo a Andy quién eres", y tras decir eso, ella cerró los ojos para descansar. Quizás por el cansancio o por la preocupación que había cargado durante tanto tiempo, que en ese momento parecía disiparse, su tensión se relajó y pronto se quedó dormida.
Elián, concentrado en la carretera, intentó hablar: "¿Podrías contarme cómo le ha ido a Andy viviendo en Frestara y...?", no terminó la frase cuando, al girarse hacia el asiento del copiloto, vio que ella ya dormía.
Al detenerse en un semáforo, Elián se quitó el abrigo y lo colocó sobre ella, esbozando una sonrisa suave. Había pensado que ellos ya no tendrían más vínculos, preocupándose por cómo manejaría las cosas en el futuro. Pero en ese momento que la verdad sobre Andy había salido a la luz, él veía una esperanza; sabía que, por Andy, Irmina no sería demasiado dura con él. Recordando los tres años de matrimonio y los viajes mensuales de ella a Frestara, la culpa en él crecía.

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