Irmina no sabía cómo consolar a Clarisa en ese momento, solo tomó su mano, se inclinó para aplicarle el ungüento, frotándolo suavemente y soplando para aliviar su dolor. Ésta última también aprovechó ese momento para ajustar sus emociones, mirando a Irmina con suavidad, dijo en voz baja: "De verdad, estoy bien. Solo es un hombre insignificante, no me afecta".
Al escucharla, Irmina respondió con una voz suave: "Ojalá de verdad pienses así".
Clarisa ofreció una sonrisa ligeramente forzada, como tratando de demostrar que sus palabras eran sinceras, y asintió con seriedad: "Por supuesto que lo pienso".
Irmina no quiso desmentirla y dijo: "Vamos a bajar".
Clarisa asintió, tomó su mano y susurró: "Faviola y Camila tampoco pueden lastimarme, nunca las he considerado familia. Mi familia es mi tío, Lionel, y tú, Andy".
Irmina le devolvió la sonrisa.
Cuando bajaron las escaleras, las miradas de Camila y Faviola se dirigieron hacia ellas. Faviola no ocultó su desagrado: "Ya dije que no era nada grave, solo preocupaste a Irmina innecesariamente".
Camila, con una sonrisa amable, dijo: "Me alegra que estés bien", luego retiró su mirada, sin demorarse mucho en ellas, y bajó la vista a su celular.
Faviola soltó un bufido y se acercó a Camila, preguntándole entre risas: "¿Benigno te mandó un mensaje?".
Camila no respondió. La sonrisa en el rostro de Faviola era radiante: "Pronto se comprometerán, es el momento perfecto para fortalecer su relación".

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