Al día siguiente, la noticia de que Petrona había demandado a Marciano comenzó a correr como reguero de pólvora por su círculo social. Ella, que aún estaba furiosa por la infidelidad de Marciano, se calmó después de hablar con Nuriel; entendió que solo si tenía dinero en sus manos no sería oprimida por él.
Al pensar que él eventualmente cedería, firmando el acuerdo y dividiendo sus bienes con ella, Petrona sintió que finalmente veía la luz al final del túnel. Sus buenos días estaban a punto de comenzar. El tercer día después de la demanda, él finalmente perdió la paciencia y buscó hablar con ella cara a cara.
Al entrar en el apartamento, Marciano vio a Cira y Nuriel sentadas al lado de Petrona, mirándolo con rostros hostiles. Sus dos hijas, que normalmente lo trataban con mucho respeto, en ese momento ni siquiera querían llamarlo ‘papá’.
Marciano les echó una mirada fría y dijo con voz grave: "Ustedes dos, regresen a sus habitaciones. Quiero hablar con ella a solas".
En ese momento, Petrona agarró a Nuriel, mirándolo con una mirada alerta: "Quiero que mis dos hijas estén a mi lado. Ellas no son ajenas aquí, no hay nada que no puedan escuchar".
Nuriel sonrió levemente, su tono de voz aún suave: "Papá, mamá ya me contó sobre las cosas que has hecho. Así que no tienes por qué sentirte incómodo".
Al oír eso, el rostro de Marciano cambió drásticamente, lanzando una mirada de reproche hacia Petrona: "¿Vas a hablar tonterías frente a las niñas?".

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