Finalmente, Nuriel hizo que el asistente le trajera el acuerdo; primero revisó el documento y, al final del mismo, vio que ya había sido firmado por Gustavo, lo que le dio tranquilidad; rápidamente, firmó su nombre en el acuerdo.
Después de revisar el informe médico de otro paciente y asegurarle que no había ningún problema grave, Irmina se dirigió al consultorio contiguo para examinar a Nuriel; al llegar, la encontró ya acostada en la camilla de examinación, sonriéndole.
Irmina, con el rostro inmutable, se acercó para comenzar el examen cuando su asistente la detuvo: "Dra. Monroy, la Srta. Monroy ha firmado el 'Acuerdo de Contribución'. Los internos del Dr. Salazar aún no han llegado, tendrá que esperar un momento".
Al oír eso, Irmina bajó la mirada hacia Nuriel, quien yacía en la camilla. Ésta última, con una sonrisa generosa, preguntó: "Irmina, pareces un poco molesta, ¿verdad?".
Irmina, indiferente, le preguntó a su asistente: "¿Le mencionaste a ella el 'Acuerdo de Contribución' que promovimos?".
El asistente asintió, con un viso de cautela en su mirada. Tenían cuotas y objetivos, por lo que solían promover selectivamente el acuerdo. Dado que la mayoría de los pacientes del hospital eran personas acaudaladas o de alto perfil que valoraban mucho su privacidad, era raro encontrar a alguien dispuesto a firmar tal ‘Acuerdo de Contribución’.
Con tantos internos en el hospital y el deseo de formar nuevos talentos, Gustavo había implementado esa política. Aquellos que firmaban ese acuerdo permitían que todos los internos observaran cada uno de sus exámenes.

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