La atmósfera en el salón privado era algo tensa. Irmina levantó la vista hacia Nuriel, notando que el orgullo que había mostrado esa mañana al encontrarla en el estacionamiento subterráneo del hospital había desaparecido completamente de su rostro; con una sonrisa serena, no pudo evitar pensar en cómo las cosas cambiaban con el tiempo.
Elián la había humillado de esa manera, y Marciano siempre había actuado pensando en sus propios intereses, sin tenerla en cuenta. Sin embargo, Nuriel seguía esforzándose por ganarse su aprobación, incluso si eso significaba sacrificarla a ella, poniéndole zancadillas una y otra vez, tratándola como una rival, insultándola y oprimiéndola.
Irmina había actuado de la misma manera en el pasado, pero en ese momento que lo veía claro, solo podía encontrar su antiguo comportamiento patético y ridículo; con una sonrisa despreciativa, desvió la mirada y se concentró en su comida.
Esa sonrisa irritó a Nuriel, quien tomó una profunda respiración, sintiendo como si Irmina se estuviera burlando de ella; apretó los dientes y, con las manos temblorosas, levantó su copa para beberse el vino de un trago: "Les deseo a todos una vida feliz", y con esas palabras y el rostro enrojecido, se dio la vuelta y salió del salón privado. Cualquiera que la viera sentiría lástima por ella.
Sentada en su silla, Irmina retiró su mirada de la espalda de Nuriel y miró a Elián, diciendo en voz baja: "¿No vas a ir tras ella?".
Al oír eso, él dirigió su mirada hacia ella, frunciendo ligeramente el ceño, claramente descontento con su sugerencia de perseguir a Nuriel: "¿Por qué no sales tú a correr y ves si te sigo?".
Irmina soltó una risa despectiva: "Como si no lo hubiera experimentado antes, ¿para qué probar?".
La actitud altiva de Elián se desvaneció al instante: "Me equivoqué, ¿podemos dejarlo así, por favor?".

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