Después de que Marciano se fue, Yago se acercó a Nuriel y le preguntó en voz baja: "¿Estás bien?".
Ella negó con la cabeza: "Estoy bien. ¿Y Elián? ¿No vino contigo? Sabía que, si lo invitaba, no vendría; él ha estado teniendo problemas con el Sr. Fuentes últimamente, y ahora que me he puesto de lado del Sr. Fuentes, seguro me detesta".
Yago no supo cómo responder en ese momento. Elián sí había ido, pero estaba en el salón del otro lado. Nuriel suspiró levemente, tratando de sonar despreocupada: "Mejor que no haya venido, sería vergonzoso que viera esto".
Al escucharla, Yago sintió aún más simpatía por ella. Cira, mordiéndose los dientes con rabia, dijo descontenta: "Todo es culpa de esa desvergonzada de Irmina. No sé qué poción mágica les habrá dado a todos para que la rodeen. ¡Una mujer de vida desordenada, que fue al extranjero a estudiar y terminó teniendo un hijo ilegítimo en secreto, qué puede tener de bueno! En teoría, la familia Fuentes debería denunciarla por fraude matrimonial. Menos mal que el Sr. Fuentes es una persona lúcida y no se dejó engañar por las apariencias de esa desvergonzada".
Yago sabía poco sobre el asunto entre Elián e Irmina. Pero al escuchar tales acusaciones de boca de Cira, frunció el ceño.
Viendo que él parecía molesto, Nuriel se apresuró a decir: "Lo siento, mi hermana tuvo un pequeño altercado con Irmina y nuestro padre la castigó, así que está un poco emocional".
Yago hizo un gesto con la mano: "No importa. No tenía idea de que la exesposa de Elián tuviera un hijo ilegítimo".
Cira, sabiendo de la relación entre Yago y Elián, se animó; se acercó y comenzó a hablar mal de Irmina con entusiasmo. Nuriel, de pie al lado, le advirtió varias veces, pero no intervino. Entonces el ceño de Yago se frunció cada vez más, y su mirada comenzó a mostrar desdén.

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