Irmina observaba en silencio la actuación de Marciano, y luego sus compañeros de trabajo se acercaron para persuadirla.
Marciano estaba de pie al lado, mirándola con expectación, y al ver que ella no decía nada, finalmente habló "Irmina, si no quieres ir a cenar con papá, está bien, no te obligo. Entonces, papá se irá primero. Ten cuidado al manejar".
Irmina no respondió, pero en su corazón despreciaba su comportamiento; parecía que después de pasar tanto tiempo con Petrona, él también había aprendido a usar esas tácticas manipuladoras.
Viendo que ella seguía sin reaccionar, Marciano suspiró internamente, reprimiendo la ira que empezaba a surgir en su corazón, y se dirigió hacia el ascensor.
"Doctora Monroy, dejemos el pasado atrás. Tu padre ya ha cedido, ¿por qué complicarlo? Al final, somos una familia".
Irmina se burló interiormente, pensando que sus colegas no entendían el principio de no conocer el sufrimiento ajeno y, por tanto, no debían aconsejar bondad. Pero tenía que admitir que la habilidad de actuación de su padre había mejorado mucho, sabiendo en ese momento cómo manipular a la gente a su favor; observó cómo se alejaba. Justo cuando las puertas del ascensor se abrían, finalmente habló: "¿Así que solo nosotros dos iremos a cenar? ¿Qué pasa con mi tía? ¿Se fue al extranjero?".
Al oír la voz de ella, la ira en los ojos de Marciano se disipó completamente; se giró, diciendo felizmente: "Tu tía todavía no se ha ido. Ella ha estado bien de salud últimamente, así que decidió quedarse unos días más en el país".
Los colegas alrededor sonrieron aliviados, como si hubieran hecho una buena acción ese día. Después de despedirse de ellos, Irmina se acercó a Marciano.
Al verla acercarse, él inmediatamente sonrió: "Entonces, ¿llamo a tu tía para que venga a comer?".
Irmina asintió: "Yo reservaré el restaurante. Asegúrate de invitar también a tu tío. Hace mucho tiempo que nuestra familia no se sienta junta a comer".

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