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Guardián de Siete Bellezas Hermanas romance Capítulo 157

—¡Si Emi no se va, yo tampoco me iré!

De repente, Cordelia abrazó con fuerza el brazo de Emir, hablando con absoluta seguridad.

—Escucha, Cordelia, este chico acaba de golpear al joven Ezequiel. Se enfrentará a las consecuencias. Date prisa y ven con nosotros. Deja de preocuparte por él. —Lidia habló con expresión fría.

—¡No lo haré!

La actitud de Cordelia era en extremo decidida.

—Delia...

En ese momento, Emir extendió de manera repentina la mano y tocó con suavidad la cabeza de Cordelia, revelando una sonrisa cariñosa mientras decía:

—Deberías irte con tus padres primero. Estaré bien, lo prometo.

—Pero...

—¡Sé una buena chica, o te daré unas nalgadas!

Cordelia guardó silencio.

La terquedad de Cordelia la heredó de Lidia. Una vez que decidía algo, rara vez cambiaba de opinión.

Sabía que dejar a Emir solo aquí lo pondría en grave peligro, así que se negó con firmeza a marcharse.

Aunque Cordelia comprendía en su fuero interno que su presencia aquí no supondría la menor diferencia, insistió en quedarse, decidida a enfrentarse a la adversidad junto a Emir.

—Delia, cada vez eres más desobediente —comentó Emir.

Como era de esperar, Emir hizo lo que había dicho que haría, extendiendo la mano para dar dos sonoras palmadas en el trasero de Cordelia.

¡Pum! ¡Pum!

El ardiente dolor no hizo ceder a Cordelia. En lugar de eso, lo miró con obstinación, negándose a retroceder.

Esta escena angustió tanto a Ricardo como a Lidia. Estaban ansiosos porque, a pesar de obtener la aprobación de Irvin, su hija se negaba a marcharse. También estaban enojados con Emir por aprovecharse de su hija delante de ellos.

¡Quizás deberían cortarle las manos!

—No necesitas que te enseñe lo que tienes que hacer, ¿verdad?

Su voz no era alta, era un poco grave y transmitía un dominio único, propio de un artista marcial.

¡Era imponente!

Irvin había dominado a Jáltipan actuando una sola vez hacía más de veinte años. Pero una vez fue suficiente.

Desde aquel incidente, todas las grandes potencias de Jáltipan sabían que él era un artista marcial. Por eso, cada vez que se encontraban con él, le mostraban respeto, sin necesidad de ningún esfuerzo adicional. Irvin se hizo muy fácil con el control de las fuerzas clandestinas de Jáltipan.

Con solo un cambio de expresión, podía asustar incluso a las fuerzas más poderosas de Jáltipan.

El joven ante él debería estar temblando de miedo, suplicando perdón.

Eso fue lo que pensó Irvin, pero, para su sorpresa, Emir no se arrodilló como esperaba. En lugar de eso, lo miró con una sonrisa juguetona y le dijo:

—Si no lo hubieras mencionado, la verdad es que no habría sabido qué hacer. ¿Por qué no me enseñas cómo se hace?

—Chico, tienes ganas de pelea, ¿verdad? ¿Acaso entiendes lo que significa ser un artista marcial?

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