Ivonne volvió a abrir la fotografía que Daniel le había enviado, fijándose en la comida que él había pedido.
Después de un buen rato, Ivonne finalmente le contestó: —No, tengo sueño, me iré a dormir ya, hablamos mañana.
Dejó el teléfono a un lado.
Y empezó a contar mentalmente.
Cuando llegó a 20, Daniel le contestó: —De acuerdo.
Ivonne miró su respuesta, apagó la pantalla del teléfono, se dio la vuelta y trató de dormir.
...
—¿En serio tienes que contestar mensajes justo ahora?
Zoraida estaba sentada en el regazo de Daniel, rodeándole el cuello con los brazos mientras se acercaba poco a poco para besarlo.
Daniel, en cambio, frunció levemente el ceño mientras miraba la pantalla de su teléfono. Era extraño que Ivonne no buscara depender de él esa noche; por lo general, aunque él estuviera de viaje, siempre hablaban antes de dormir.
De repente, perdió todo el interés.
Apartó a Zoraida, se ató el cinturón de la bata de seda y se dirigió a otra habitación. —Vete a dormir.
Zoraida no se sorprendió en lo absoluto. Daniel siempre había sido así: de humor cambiante. Aunque aparentaba ser gentil y educado, en el fondo carecía de calidez, y tampoco le demostraba demasiada ternura a ella.
Como en ese mismo instante.
A pesar de que claramente iban a continuar con otra cosa...
Él simplemente lo dejaba todo.
Casi nunca pasaba la noche a su lado.
E incluso cuando ella le rogaba que se quedara, él se tomaba el tiempo de responderle a esa mujer.
Zoraida apretó los labios, corrió descalza hacia Daniel y lo abrazó por la espalda: —Pero si viniste para estar conmigo, ¿no? No quiero estar sola, quiero quedarme contigo.
El entrecejo de Daniel se movió levemente.
—Suéltame.
—No quiero. Duerme conmigo, ¿sí?
—Zoraida —la voz de Daniel sonó increíblemente monótona, tan plana que casi parecía amable.
Pero eso hizo que la espalda de Zoraida se tensara por completo.
Lo soltó instintivamente.
Daniel se giró hacia ella, levantó la mano y, con suavidad, le acomodó detrás de la oreja un mechón rebelde de cabello. La miró a la cara, y aunque su mirada y su voz parecieron tiernas por un segundo, la sonrisa jamás llegó a sus ojos: —No hagas un escándalo de esto, ¿de acuerdo?
Zoraida se mordió el labio. —Entendido.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...