—Directora Gisela, no necesita huir de la realidad ni fingir inocencia. Si ha llegado tan lejos, fue pisoteando su vida. ¿Con qué derecho le hace la vida imposible a su hija?
Gisela se estremeció violentamente de pies a cabeza.
Raquel había sido asesinada...
Ella no sabía antes que Vera era la hija de Raquel, pero desde que descubrió su verdadera identidad hace poco, no había podido dormir en paz. Los recuerdos que había intentado evadir y enterrar ya no podían ser reprimidos.
Si no fuera porque hoy estaba tan furiosa por perder ese terreno, quizá no se habría atrevido a enfrentarse directamente a Vera.
Sebastián no se molestó en mirar a Gisela ni un segundo más.
Fijó su mirada en Adriano.
—Sabes perfectamente lo que hizo tu madre. Me imagino que en ese entonces, a pesar de ser solo un niño, estabas con ella. Fuiste testigo. Has cargado con esto desde tu infancia. Y apuesto a que cuando descubriste que Vera era una Valdés, perdiste el control... porque la culpa y tu negación a soltarla te estaban consumiendo. Sabías... que jamás tendrías una oportunidad con ella, y aun así insististe en forzar las cosas.
La alta y robusta espalda de Adriano se tensó por completo.
Se sintió como si le hubieran arrancado una parte de sí mismo.
Sebastián no les prestó más atención.
Todo estaba dicho.
De ahora en adelante, Gisela no tendría cara para enfrentarse a Vera, mucho menos para intentar hacerle la vida imposible.
Salió del restaurante.
Subió al coche, se recostó en el asiento y cerró los ojos para descansar.
En realidad, el asunto de Gisela le había costado bastante trabajo investigarlo.
Desde el momento en que comenzó a sospechar sobre la muerte de Raquel, investigó todo de principio a fin. Naturalmente, descubrió que Raquel tenía una reunión de negocios crítica el día del accidente, y siguiendo ese hilo, por mucho que Gisela hubiera intentado borrar su rastro, siempre quedaban cabos sueltos.
Gran parte de lo que les dijo había sido solo especulación.
Solo podía hacer conjeturas basándose en los hechos. Había pasado demasiado tiempo; era imposible tener pruebas concluyentes.
Simplemente todo había encajado perfecto. Gisela tenía la culpa carcomiéndola por dentro; por muy elegante e intocable que pareciera, era vulnerable. Con solo mencionar los eventos del pasado, ella misma se desmoronaría.
—Señor Zambrano, los boletos ya están reservados. El vuelo sale mañana a las nueve de la mañana —dijo Quintana, mirando a través del espejo retrovisor al hombre que seguía con los ojos cerrados en la parte trasera.
—Hmn.
—Entonces... —Quintana titubeó por un instante—. ¿Quiere ver de nuevo a la señorita Suárez?
Sebastián abrió los ojos y giró la cabeza hacia la ventana. Estaba nevando otra vez. Este sería su octavo año juntos.
—No es necesario.
—Pero...
—¿No decías que estabas eligiendo los detalles de tu nueva residencia? Te acompaño a verlos. —Vera, reacia a seguir hablando de Sebastián, cambió de tema de inmediato.
Ivonne abrió la boca.
Pero al final asintió.
Daniel era absolutamente complaciente con Ivonne. Sabía que ella no estaba dispuesta a renunciar a su carrera en la capital, y aunque él tenía su base principal en San Francisco, decidió comprar la casa matrimonial en la capital y dejar que Ivonne tomara todas las decisiones.
Llevaban años en una relación firme.
Su compromiso siempre fue estable y feliz.
Ver que Ivonne estaba a punto de formar su propia familia llenaba a Vera de una alegría muy genuina.
Llegaron a una zona residencial exclusiva.
Eran las opciones que Ivonne ya había preseleccionado, estaba indecisa entre tres casas.
Vera la acompañó y analizaron juntas las ventajas y desventajas de cada una.
Mientras analizaban los pros y los contras e iban a comer algo, sonó el celular de Ivonne.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...