Sebastián y Lina se sentaron en el banco del pasillo.
Él giró la cabeza para observar a la niña a su lado.
Lina sacó de su mochila un cubo de Rubik avanzado y, sin siquiera dirigirle la palabra, se concentró por completo en resolverlo con movimientos ágiles.
Para ser tan pequeña, poseía una calma envidiable.
Sebastián curvó levemente los labios y la miró.
—¿Necesitas que me presente oficialmente?
Lina ni siquiera levantó la vista. Su aguda voz infantil sonó con frialdad:
—No es necesario, ya sé quién eres.
Luego, Lina lo miró de reojo:
—Pero mi mamá dijo que ustedes se separaron hace mucho tiempo y que ya no son pareja. Eso significa que no tengo la obligación de llamarte papá, ¿verdad?
Aunque la niña era pequeña, era evidente que tenía su propia opinión y carácter.
Sebastián la observó en silencio.
—Como prefieras.
Lina asintió satisfecha.
—Entonces no te voy a llamar papá, después de todo, tú y mi mamá ya no están casados. ¿Cierto?
—Cierto. Deberías apoyar a tu mamá —hizo una pausa, dándole la razón.
Solo entonces Lina dejó el cubo de Rubik y lo escudriñó con seriedad.
—¿Te sigue doliendo la pierna?
Estaba preguntando por el accidente en el que él cayó del edificio para salvarla hace unos meses.
Sebastián movió ligeramente su pierna:
—Ya está casi curada.
Lina suspiró aliviada.
Sabía que debía estar agradecida por aquel sacrificio, pero su mente estaba en un dilema porque la situación se había vuelto muy confusa. El hombre que pensaba que era solo un héroe, resultó ser su padre.
Su pequeño cerebro procesó la información a mil por hora. Con sus hermosos ojos fijos en Sebastián, comenzó a confirmar sus dudas.
—¿Te separaste de mi mamá por completo? ¿Por qué se separaron? ¿Dejaron de quererse? ¿O acaso te enamoraste de alguien más... ah, de esa señora Silvana?
Disparó todas las preguntas de una sola vez.
Sebastián le quitó la mochila que tenía apoyada sobre las piernas y la colocó a un lado, respondiendo con indiferencia:
—Tienes mucho carácter.
Incluso, una inteligencia que sobrepasaba su edad.
Era una devota absoluta de Vera; toda su lealtad y su favoritismo le pertenecían solo a ella.
—Es cuestión de principios —Lina infló las mejillas, negándose a ceder ni un milímetro—. Incluso si me salvaste la vida, la respuesta es no.
Sebastián no pudo evitar levantar la mano y darle un ligero pellizco al moño de su cabello.
—De acuerdo, no te obligaré a nada.
Lina dudó un momento.
Lo miró fijamente, evaluándolo.
—¿Entonces quieres recuperar a mi mamá?
Sebastián se quedó en silencio por un buen rato.
Finalmente, movió los labios y dijo con calma:
—Lo nuestro ya es imposible.
—Tu mamá ya tiene demasiadas cosas importantes en su corazón. Te tiene a ti, a su abuelo, a su maestro y a su madre. Es suficiente. Lo único que ella busca ahora es una vida nueva y pacífica. De ahora en adelante, tú tienes que protegerla muy bien. Ella me odia. Así que, en el futuro, trataré de no interferir en sus vidas. Puedes fingir que este papá no existe.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...