A pesar de que ya tenía un plan para ganar algo de tiempo con el asunto de Lina, las palabras de Adriano eran ciertas. Con la familia Herrera y la familia Zambrano formando un frente unido, los Valdés estarían en una clara desventaja. Además... no quería tener que rogarle a ese hombre al que llamaban su «padre».
Esa noche.
Vera no logró pegar un ojo.
Ivonne no le había vuelto a escribir.
Al llegar la mañana, bajo el frío cielo gris de invierno —pues los días eran cortos y las noches largas—, el personal que Adriano había enviado ya esperaba en su puerta.
Cuando abrió, varias personas la saludaron con excesivo respeto:
—Señorita Suárez, es hora de ir al lugar del evento para los preparativos. Los invitados comenzarán a llegar alrededor de las diez de la mañana. Solo dispone de tres horas para alistarse.
Vera lo notó de inmediato.
Adriano hablaba muy en serio.
No le estaba dando ninguna oportunidad de negarse.
Esa boda iba a llevarse a cabo, quisiera ella o no.
Con el rostro completamente inexpresivo, desprovisto de la rabia que la consumía la noche anterior, esbozó una sonrisa cargada de sarcasmo y frialdad:
—Entendido.
Vera volvió a su habitación.
Del fondo de un cajón, sacó el acuerdo de renuncia de paternidad que había hecho firmar a Sebastián el año pasado.
Lo guardó en su bolso y, con el rostro sin una gota de maquillaje, subió al auto.
Al llegar al recinto nupcial, Vera parecía una espectadora externa contemplando los exuberantes y románticos arreglos del lugar.
Como si nada de aquello tuviera que ver con ella.
Los maquilladores y estilistas eran los más atareados.
Un enjambre de organizadores iba de un lado a otro ultimando los detalles, asegurándose de que todo fuera perfecto.
Vera fue guiada hacia el camerino.
Su mirada se posó en el espectacular vestido de novia colgado allí, pero sus ojos permanecieron gélidos, sin el menor atisbo de emoción.
Dejó el bolso a un lado, sacó su celular e intentó llamar a Ivonne nuevamente.
Pero esta vez...
La línea emitió el sonido hueco de ocupado.
E, instantes después...
La mandó directo al buzón de voz. Estaba apagado.
Una punzada de inquietud se apoderó de Vera. Sus nudillos se volvieron blancos de tanto apretar el aparato, y sintió como si le hubieran arrancado un pedazo del pecho.
¿Qué estaba pasando con Ivonne?
Tac, tac, tac...
Daniela Zenteno descendió del vehículo.
La influyente familia Zenteno también estaba en la lista de invitados. Inconscientemente, ella paseó la mirada a su alrededor, buscando a Sebastián.
Justo detrás de ella.
Daniel Zenteno fruncía ligeramente el ceño, observando la pantalla de WhatsApp donde tenía su chat abierto con Ivonne Herrera.
Ella no le había respondido ni un solo mensaje.
Ivonne, quien solía estar pegada al teléfono, casi nunca lo dejaba en visto tanto tiempo.
—¿En qué tanto piensas? —le preguntó Daniela.
Daniel no ocultó su preocupación:
—Vonny no me contesta. Estoy preocupado.
Daniela sabía que él y la joven Herrera llevaban años juntos.
La verdad, no comprendía cómo alguien podía estar en una relación durante tanto tiempo y seguir tan enamorado, tan empalagoso, necesitando estar juntos todo el día.
Ese pensamiento la llevó, inevitablemente, a pensar en Sebastián.
¿Acaso él también sería así cuando se enamorara de una mujer?
Mientras divagaba, alguien murmuró cerca:
—El señor Zambrano acaba de llegar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...