Ni siquiera se atrevía a llorar en voz alta.
Solo podía aferrarse a Lina y derramar lágrimas en silencio.
—¿Mamá? —Al verla, el rostro de Lina se iluminó con una sonrisa, pero al sentir los hombros de su madre temblar, se asustó—. Mamá, ¿alguien te hizo daño?
Vera se quedó en silencio un largo rato.
Se limpió el rostro de manera torpe y le sonrió.
—No, mi amor, es que extrañaba mucho a mi princesa.
Pero Lina ya estaba en una edad en la que no era tan fácil engañarla. Acunó el rostro de Vera entre sus manitas y le secó las comisuras de los ojos, frunciendo el ceño.
—Pero estabas llorando. No me gusta que llores, mamá.
Vera miró a Lina durante un buen rato.
Tragándose el nudo que amenazaba con volver a quebrarle la voz, preguntó:
—Mi amor, si... solo si, tu papá biológico estuviera vivo, ¿te gustaría conocerlo? ¿Te gustaría tener a un papá que te acompañe y te quiera?
Siempre había evitado ese tema frente a ella.
Pero, llegados a este punto...
Había cosas que ya no podía esquivar ni ocultar.
Si los Zambrano aparecían en su puerta, la verdad saldría a la luz de la peor manera.
Quería ser ella quien se lo dijera a Lina.
La niña pareció sorprenderse un poco y se quedó mirándola fijamente.
—No tengas miedo, mamá. Pase lo que pase, yo siempre estaré de tu lado. Incluso si ese señor viene a llevarme, yo no me iré con él.
La pequeña Lina era astuta.
Mucho más madura que otros niños de su edad.
Casi al instante, intuyó la verdadera razón de la pregunta de su madre.
A Vera le picó la nariz y volvió a estrecharla entre sus brazos con fuerza.
Sin embargo...
Poco tiempo después, su teléfono comenzó a sonar.
Miró la pantalla.
Era la familia Zambrano.
Habían reaccionado más rápido de lo que esperaba.
Don Elías tenía el rostro oscurecido por la ira.
Nunca imaginó que Vera se atreviera a hablarle con tal atrevimiento.
Lo que más tenía consternada a toda la familia era descubrir que había una heredera de sangre que no conocían, tan bien escondida, ¡y criada bajo el techo de los Herrera!
Esto no solo era una humillación, era algo que no podían tolerar bajo ninguna circunstancia.
Doña Isabel rechinaba los dientes, sus ojos reflejaban pura incredulidad:
—Esa muchacha sí que nos dio una gran «sorpresa». ¡Cómo se atrevió a huir con una descendiente de los Zambrano!
¡Se trataba de la sangre de la familia!
Toda la familia había estado esperando con ansias que Sebastián tuviera descendencia. ¡Nadie sospechaba que Vera había tenido tanto descaro!
Si no hubiera sido por el revuelo público del evento en la Universidad Central, seguirían viviendo en la ignorancia.
—El señor Zambrano acaba de llegar.
Desde la entrada, uno de los empleados anunció su presencia.
Don Elías y los demás giraron la vista.
Sebastián avanzaba a paso lento, con el saco del traje sujeto de una mano. Su imponente figura se acercó, revelando un rostro atractivo esculpido a cincel, que parecía desprovisto de cualquier emoción.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...