No era como si estuviera entre la espada y la pared. Evidentemente, tenía mejores opciones por delante...
Esa tarde, quedó en almorzar con Ivonne.
Ivonne ya le había enviado la ubicación por mensaje.
Era un restaurante cerca de allí.
En cuanto Vera entró al restaurante, Ivonne la saludó con la mano desde su mesa y le sirvió una taza de café: —¿Ya arreglaste lo de la renuncia?
Vera asintió: —Sí, ya casi termino los trámites.
—Cuando le pediste el divorcio, ¿cómo reaccionó Sebastián? —Ese era un detalle que a Ivonne le daba mucha curiosidad.
Sabiendo cómo eran los hombres de su clase, ¿no sentiría que el hecho de que su esposa se lo pidiera primero era un golpe a su machismo?
Vera observó el vapor que subía de su taza y negó con la cabeza: —No le importó en absoluto.
Ni siquiera tuvo la decencia de sentarse con ella a hablar en paz sobre el tema.
Aun cuando ella ya no aguantó más y le pidió el divorcio, él seguía tratándola como si fuera invisible.
Pensándolo bien, los hombres eran criaturas patéticas. Ellos podían ignorarte todo lo que quisieran, pero no soportaban que tú los dejaras primero.
A Ivonne le crujieron los dientes de la rabia: —¿Ese tipo tiene una piedra por corazón? ¡Han sido siete años! Cualquier persona con un poco de sangre en las venas habría sentido algo.
Vera ya no sabía si echarse a llorar o a reír.
Su fracaso era tan evidente, su corazón pisoteado de tal manera, que no había forma de esconderlo.
Toda la tristeza y el dolor que había soportado estos siete años, solo ella lo sabía.
Pero ya se había quedado sin lágrimas.
Hacía mucho que había dejado de ser esa mujer dispuesta a arrastrarse por unas migajas del amor de Sebastián.
Ivonne le preguntó qué había sido lo que finalmente la había hecho tomar la decisión.
Vera no le ocultó nada. Le relató tal cual lo que había ocurrido en urgencias.
La cara de Ivonne se desfiguró de la indignación. Golpeó la mesa y se puso de pie: —¡Ese par de sinvergüenzas no tienen pudor! ¿Y esa Silvana qué se cree? ¡Su prometido no lleva nada en la cárcel y ya está... revolcándose con el primo! ¡Y para rematar, embarazada!
En todos sus años de vida, ¡nunca había escuchado algo tan escandaloso!
Vera sabía que Ivonne era muy efusiva y que, cuando se alteraba, alzaba demasiado la voz.
Rápidamente, la tomó del brazo para calmarla.
La verdad es que no tenía muy claros todos los detalles de la noche anterior.
La enfermera se lo había contado así, y Vera solo le estaba repitiendo a Ivonne la versión de los hechos que había escuchado.
Vera sabía que eso era una locura.
A menos que quisiera que su carrera y su vida se acabaran en ese país.
La familia Zambrano era despiadada y tenía muchísimo poder. Hasta que no estuviera bien posicionada, no iba a buscarse problemas tan graves con ellos.
Al final del día, sabía que estaba sola y sin respaldo, y por encima de todo, tenía que proteger a Lina. No iba a ser tan estúpida.
Tampoco iba a perder el tiempo preocupándose por Julián.
-
En el segundo piso.
Julián abrió la puerta del área privada con una expresión de hielo en el rostro.
En el elegante salón reservado, ya había un grupo de personas sentadas alrededor de la mesa.
A la cabeza estaba, como siempre, Sebastián.
Con una postura impecable, proyectaba un aura imponente incluso sin mover un músculo. Giró levemente la cabeza para mirarlo.
Sentada a su lado, estaba Silvana.
Ella le dedicó una sonrisa suave a Julián: —¿Quién te puso de tan mal humor?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...