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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 4

Sebastián no sentía la más mínima necesidad de darle explicaciones a su propia esposa.

—Pierde cuidado.-

Vera se clavó las uñas en las palmas sin darse cuenta, usando el dolor para mantener su voz estable: —Una vez que nos divorciemos, ya no será mi problema.

Quizás lo tomó por sorpresa.

Sebastián miró con frialdad a la mujer que siempre había sido dócil con él y que ahora, de repente, mostraba sus espinas.

No había la más mínima emoción ni alteración en sus ojos: —No tengo tiempo para lidiar con tus dramas ahora mismo.

—Si de verdad te molesta tanto, búscate un abogado y redacta los papeles.

Siete años de matrimonio. No solo no la amaba, ni siquiera se había acostumbrado a su presencia durante todo ese tiempo. Aceptó sin dudar un segundo.

Vera no perdió más tiempo. Con determinación, pasó por el lado de la imponente figura del hombre y subió directamente a recoger sus cosas personales.

Sebastián entrecerró sus fríos ojos, siguiendo con la mirada la esbelta espalda de Vera.

Pero le bastaron un par de segundos para adivinar sus supuestas intenciones.

No le dio ninguna importancia a la reacción "exagerada" de su esposa.

No era la primera vez que ella hacía algo así para llamar su atención.

Y nunca tenía que esforzarse en solucionarlo.

Porque al final, Vera siempre terminaba cediendo.

Cuando veía que él no reaccionaba, fingía que no había pasado nada y se calmaba ella sola.

A veces, ni siquiera le tomaba un par de días.

Así que, sus berrinches no tenían ningún "valor" para él.

Retiró la mirada con indiferencia, tomó su chaqueta y volvió a salir de la casa sin mirar atrás.

Vera volvió a la habitación. Estaba contemplando el hogar que había decorado y cuidado con tanto esmero durante siete años, y de repente no supo por dónde empezar.

En ese preciso momento, sonó una notificación de WhatsApp.

Al ver la foto de perfil con un dibujito animado, su mirada se suavizó por completo.

Abrió el mensaje de voz.

Por el altavoz volvió a salir esa tierna vocecita: —¡Mami... el próximo mes iré a la capital a verte! ¡Por fin podremos estar juntas para siempre!

Vera sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

Alzó la cabeza de golpe, parpadeando para contener el llanto.

De hecho, durante el primer año de matrimonio, no había quedado embarazada porque Sebastián siempre usaba protección. Pero una vez escuchó a los empleados de la casa chismorreando a escondidas.

Decían que era muy probable que Sebastián fuera estéril.

Antes, la familia Zambrano siempre había intentado arreglarle un matrimonio con una señorita de buena cuna y familia adinerada.

Pero él siempre se negaba e incluso había declarado abiertamente que nunca tendría hijos.

Con el tiempo, el rumor de que el heredero de la familia era estéril empezó a circular.

Y si a eso se le sumaban siete años de matrimonio sin hijos a la vista, para la gente de afuera, el rumor se había convertido en un hecho.

Al principio, Vera se lo había creído, y hasta pensó que no importaba. Mientras tuvieran una buena vida juntos, un hijo sería solo un añadido maravilloso.

Pero Sebastián siempre había tomado medidas preventivas.

Y en cuanto a sus habilidades en la cama, la verdad es que siempre habían sido... muy buenas.

A pesar de su falta de conexión emocional, ella no podía negar eso.

Pero luego, él empezó a evadir por completo el tema de los hijos.

Y ella misma empezó a creer que el rumor debía ser cierto.

Hasta que llegó aquel día...

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