En medio del pasillo del hospital, lleno de gente que iba y venía.
En ese lugar tan ruidoso, las palabras de Ivonne resonaron como un trueno.
Daniel casi no pudo sostener su cuerpo; sintió que cada hueso se le fracturaba lentamente.
Su Vonny sentía asco por él.
Esa era la sentencia de muerte definitiva de la que no podía escapar.
—Vonny... te lo suplico, no seas tan cruel conmigo... —intentó balbucear, pero el dolor en su pecho era tan profundo que apenas le salía la voz.
Nunca imaginó que el día en que volviera a ver a Ivonne...
El día que tanto había esperado para poder pedir perdón y reparar sus errores, se convertiría en... un final sin retorno.
Al verlo tan destruido, Ivonne parpadeó y ahuyentó el nudo que amenazaba con formarse en su garganta.
—¿Y acaso tú pensaste en lo cruel que eras cuando te acostaste con otra mujer? —le recriminó fríamente.
Daniel sintió como si le hubiera caído un rayo.
—Daniel, somos adultos y ambos sabíamos el precio de nuestras acciones. Me creíste demasiado frágil, pensaste que no podría vivir sin ti. Pues te equivocaste. Yo nunca he tenido miedo de perder. Lo que está sucio, lo que está manchado, lo que me da repulsión, ¡lo tiro a la basura y jamás volteo atrás!
Esas palabras salieron con toda la fuerza que le quedaba.
Fueron de una firmeza absoluta.
Y, al mismo tiempo, le mostraron a Gonzalo otra faceta de ella.
Él siempre la había visto como una mujer dinámica y relajada, alguien caótica pero ingeniosa. Nunca imaginó que tuviera una fortaleza tan férrea. Parecía irradiar luz propia; a pesar del profundo dolor que había sufrido, había logrado levantarse y seguir adelante sin victimizarse.
El corazón de Gonzalo se estremeció.
Vio a una mujer brillante.
Y sintió cómo, poco a poco, una cálida sensación comenzaba a arder en su pecho.
Por otro lado, Daniel parecía haber sido arrojado directo a las llamas. Completamente desorientado, temblaba mientras intentaba, torpemente, alcanzar la mano de ella, como si ese contacto fuera lo único que lo mantuviera con vida.
Pero Ivonne retrocedió sin titubear.
Se volvió hacia Gonzalo, con los labios apretados: —Este es mi caos personal. Soy una mujer de extremos, blanco o negro. No tolero que me engañen, soy rencorosa y solo me guío por mis propias convicciones y sentimientos. ¿Lo viste todo claro? ¿Puedes lidiar con esto?
Gonzalo nunca dejó de mirarla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...