La desaparición de Carmen armó un revuelo tremendo en Villa Castillo. Ernesto se puso al frente de los guardias para buscar en cada rincón de la propiedad. Pensaban que la iban a encontrar rápido, pero cayó la noche y ni sus luces.
Andrés estaba tan alterado que ni cenó, solo dio la orden de que nadie dejara de buscar.
Durante toda la noche, la mansión mantuvo las luces encendidas. Entre las recamareras, los encargados y los guardias, voltearon la casa de cabeza, pero no había rastro de la niña.
Perder a una de las señoritas en sus narices tenía a todo el personal del patio de invierno con el alma en un hilo. Valentina estaba pálida como fantasma, a punto del desmayo en cualquier momento, y Martina no paraba de llorar, sintiéndose la peor persona del mundo por haberla descuidado.
Fue una noche caótica, donde la desesperación se apoderó de todos.
Mientras tanto, Yolanda se tomó su vaso de leche con Pobrecito en brazos, se estiró, apagó la luz y se acostó a dormir.
Ella era la única que sabía que Carmen estaba en perfectas condiciones: la muy tonta seguro estaba agachada detrás de un árbol en la parte trasera del cerro, sirviéndole de buffet a los mosquitos.
Según el rumbo de los eventos originales, al día siguiente los Torres se iban a enterar de la desaparición. Mateo Torres iba a presentarse en persona, y Carmen saldría de su escondite, incapaz de aguantar la comezón de los piquetes. Aprovechando que tenía a la familia de su papá apoyándola, le iba a armar un berrinche de vida o muerte a Valentina para rogarle que perdonara a Alejandro, todo con tal de que sus papás no se separaran.
Y Mateo se iba a lucir con su obra de teatro: frente a Andrés, le rompería una pierna a Alejandro a bastonazos, jurándole a Valentina que iba a mandar al hijo ilegítimo fuera del país. Para terminar de comprar a los Castillo, Mateo transferiría todos los bienes de Alejandro a nombre de Carmen, prometiendo que tomaría control legal de ellos en cuanto cumpliera los dieciocho años.
Y esa misma jugarreta fue lo que desencadenó la tragedia de la muerte de Valentina en el futuro.
Todo era un vil cálculo de los Torres para contentar a los Castillo; jamás le iban a regalar una fortuna millonaria a una niña solo porque sí. Por eso, tras la muerte de Valentina, manipularon a Carmen paso a paso hasta que ella misma renunció a la herencia por voluntad propia.
La ventaja de Yolanda era que había regresado en el tiempo muy al principio de la historia. Javier aún no se convertía en la cabeza de la familia, y faltaban diez años para que Víctor se coronara como el líder absoluto de la República de Valdoria. Todavía no eran lo bastante fuertes como para imponerse sobre los demás.
—Ay... —suspiró Yolanda, tocando el caparazón de su tortuga.

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