Entrar Via

ESTA VEZ, ME ELEGIRÉ A MÍ MISMA romance Capítulo 66

Las amas de llaves no se daban cuenta de nada y seguían chismeando.

—¡Sí! Y la muchacha está muy bonita.

—Y no solo eso, tiene un corazón de oro. Hoy se levantó temprano y ni desayunó para ayudarme con el quehacer, hasta le dio de comer a los peces del estanque. Apenas amaneció, se llevó a Ernesto al pie de la colina para alimentar a los perros y gatos callejeros.

—Sí, sí, la muchacha es muy buena. En la mañana un pajarito se cayó de un árbol y ella misma lo vendó. Con razón el patrón la quiere tanto, ¿a quién no le va a caer bien una niña tan linda?

Víctor lo pensó un momento y caminó hacia el cenador.

Las mujeres estaban tan metidas en la plática que ni cuenta se dieron de que alguien se había acercado.

Víctor tosió levemente. Todas se sobresaltaron, como si las hubieran cachado haciendo algo malo, y se dispersaron de golpe.

Neira fue la que se sintió más incómoda. Se frotó las manos ásperas y soltó una risita nerviosa. —Joven Víctor.

Víctor asintió levemente y preguntó con un tono amable: —Señora, ¿Yolanda se siente mal?

Neira, que temía que Víctor pensara que se estaban haciendo pato en el trabajo, bajó la guardia de inmediato y le explicó con entusiasmo: —Ayer sí andaba mal, pero después de tomarse la medicina del doctor Lázaro ya está como si nada. No se preocupe, joven Víctor, las medicinas del doctor Lázaro son una maravilla, la señorita Aguirre ya se sentía perfectamente bien desde anoche.

—¿Alergia? —preguntó él.

—Así es. —Neira, sin pensar mucho en las consecuencias, miró a su alrededor con cautela, se tapó la boca y bajó la voz—. Joven Víctor, cuando vea al patrón, no le vaya a decir nada, por favor. La señorita Aguirre no quiere que el abuelo se preocupe, así que me pidió que no abriera la boca.

Víctor se quedó mudo por un segundo, ladeó un poco la cabeza y se frotó la oreja, aturdido. —Está bien, entendido.

—¿Qué cosa no puedo saber? —El anciano, apoyado en su bastón y luciendo lleno de vida, entró a la sala principal desde el pasillo. Al ver a Víctor, su sonrisa se hizo más amplia—. ¡Ah! ¿Ya llegaste, Víctor?

Neira puso cara de terror y empezó a mirar para todos lados. ¡Ya valió! ¡Ya valió! Si el patrón se enteraba, la señorita Aguirre iba a saber que ella era una chismosa.

Víctor le echó una mirada discreta a Neira, se dio la vuelta y caminó hacia la sala. —Abuelo.

Como Andrés estaba algo lejos, solo había escuchado vagamente algo del doctor Lázaro y de la señorita Aguirre, pero nada más. Miró a Víctor con una sonrisa. —¿De qué estaban platicando?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ESTA VEZ, ME ELEGIRÉ A MÍ MISMA