¿En qué piensas?
Para no hacer esperar a Carmen, Valentina salió del baño con el cabello medio húmedo. No esperaba encontrarse a su hija con la mirada perdida. Le pareció gracioso y le revolvió el cabello teñido de mil colores que parecía un nido de pájaros.
—¿Ya se fue Martina? —preguntó mientras se metía a la cama.
Carmen la miró fijamente, se acomodó bajo las sábanas y se fue acercando a ella poco a poco.
—Oye, mamá... acabo de escuchar que Martina dijo que la huerfanita corrió a su mamá de la casa.
Valentina bajó la mirada hacia ella.
—¿Lo escuchaste?
Los ojos de Carmen brillaron con una chispa de curiosidad.
—Mamá, piénsalo. ¿Por qué de la nada la huerfanita echaría a su mamá de Villa Castillo? ¿No se suponía que antes hacía todo lo que ella le decía?
Valentina frunció el ceño.
—No seas grosera. Tu abuelo ya la aceptó en Villa Castillo, así que es una Castillo más.
A Carmen le entró por un oído y le salió por el otro.
—¡Seguro se dio cuenta de que su mamá era una interesada y por eso se le volteó! Pero, ¿cómo es que de repente abrió los ojos?
Los ojos de Carmen se abrieron de par en par, murmurando para sí misma:
—A lo mejor... ¡de verdad puede ver el futuro y así supo que su mamá no servía para nada! ¡Sí! ¡Ahora todo encaja!
Al ver que Carmen estaba en su propio mundo, Valentina le dio un golpecito en la cabeza, algo molesta.
—¿Qué tanto murmuras? ¡Te lo advierto! No te metas en los asuntos de esa familia y deja de juntarte con esa Yolanda.
Carmen agitó la mano, restándole importancia, como si ya tuviera todo fríamente calculado. Un momento después, se acercó con expresión misteriosa.
—Mamá, ¿tú crees que el señor Mendoza gane las elecciones esta vez?
Valentina apenas reaccionó; siguió secándose el cabello sin prestarle demasiada atención.
—¿Quién sabe?
Carmen se acurrucó contra Valentina.
—Yo creo que es muy probable. No creo que haya sorpresas de último momento, ¿o sí?
Valentina por fin notó que algo andaba mal.
—¿Por qué me preguntas eso?
Carmen esquivó la mirada.
—Por nada, simple curiosidad.
Valentina la miró con recelo, analizándola de arriba abajo.
Conocía perfectamente a su hija: cuando esquivaba la mirada, era porque escondía algo. Valentina no quiso dejarlo pasar, así que sacó a Carmen de las sábanas y la miró muy seria.
—¿Por qué el interés tan repentino en esto?
Lo que más le aterraba a Carmen era cuando Valentina se ponía en ese plan. Del puro susto, casi le suelta toda la verdad sobre Yolanda, pero justo cuando iba a abrir la boca, recordó la advertencia que le había hecho.
Valentina estaba cada vez más segura de que le ocultaba algo.
—¿Me estás escondiendo algo?

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