Todos miraban a Alba Moreno sin atreverse a decir ni pío.
Vivían con el terror de que Alba Moreno las señalara para comprobar si la ropa y accesorios que traían eran de verdad.
En ese momento, Valeria se arrepentía desde el fondo de su alma; Alba Moreno era un dolor de cabeza andante.
*Con lo que acababa de soltar, ¡se había echado encima a toda la élite social!*
*Todo el mundo sabía que éramos hermanas. ¿También me estarían agarrando coraje a mí?*
Valeria, desesperada y pisando fuerte el suelo, se acercó de inmediato, le agarró la muñeca a Alba Moreno y, bajando la voz, dijo:
—¡Alba Moreno, ¿te volviste loca?! Si te metes con ellas, ¿cómo voy a poder dar la cara en este círculo de ahora en adelante?
Hacía solo unos minutos había sido ella misma quien invitó a Alba Moreno a la mesa.
Quien no supiera la verdad pensaría que ella había armado todo esto para ridiculizar a las demás.
Alba Moreno soltó su mano con suavidad y en sus labios se dibujó una sonrisa muy reveladora:
—Ay, Valeria, ¿por qué los nervios? Oh, claro, me había olvidado de hacerte la revisión a ti...
Sin dejarla terminar, Valeria se puso pálida y por instinto se llevó las manos a sus aretes de diamantes.
Ese movimiento tan sutil no pasó desapercibido para Alba Moreno.
Alba Moreno soltó una carcajada y de repente estiró el brazo para quitarle las manos a Valeria:
—Déjame ver las joyitas que cargas puestas.
—¡Suéltame! —gritó Valeria, llena de pánico, tratando de soltarse.
Con una expresión impasible, Alba Moreno sentenció:
—El nivel de refracción de estos diamantes no concuerda. Apuesto a que son piedras sintéticas.
Abriendo los ojos de forma exagerada, como si estuviera genuinamente asombrada, añadió:
—¿Tú también usas imitaciones? Bueno, qué te digo, ya dice el dicho: ¡dime con quién andas y te diré quién eres!
Todo el lugar estalló en murmullos de asombro.
Valeria sintió que el mundo se le venía encima, el zumbido en los oídos no la dejaba en paz.
Toda la imagen de niña rica y refinada que tanto trabajo le había costado mantener, se había ido al caño en un abrir y cerrar de ojos.
—No... claro que no... —balbuceaba Valeria, tratando de justificarse sin lograr articular una frase coherente—. Mi hermana no sabe lo que dice. No entiende nada de joyas o artículos caros. ¡Por favor, no se dejen llevar por sus cuentos!
Bianca Soto dejó salir una risa cargada de arrogancia:
—Valeria, si te pasamos que trajeras a esta desquiciada fue por pura consideración hacia ti. Mejor mantenla a raya, porque si sigues así vas a terminar arrastrada en sus numeritos, y serás el hazmerreír de todos.
Valeria asintió con una cara de pura vergüenza:


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