Mientras Samuel seguía hablando, Alba y Tamara fueron invitadas al área VIP.
Al ver a Alba, Luciano la saludó con entusiasmo.
—¡Hola, Alba! Nos volvemos a encontrar.
Luciano era de los que tomaban confianza rápido y ya la llamaba por su nombre.
Alba asintió con cortesía.
Era una coincidencia curiosa encontrarlos ahí.
—No les hagas caso, siéntate aquí —dijo Liam, indicándole un lugar a su lado.
—Miren eso, Liam siempre protegiendo lo suyo —bromeó Luciano.
—Bueno, ya estamos todos. ¿Podemos empezar a jugar? —preguntó Samuel, que esa noche se sentía invencible.
Luciano miró a Alba y la invitó amablemente.
—Alba, ¿quieres unirte a la partida?
Antes de que Alba pudiera responder, Tamara le tomó la mano, emocionada.
—¡Sí, Albita, juguemos!
Liam frunció ligeramente el ceño y estaba a punto de intervenir, pero Samuel se le adelantó.
—¿Qué pasa, señor Góngora? ¿Le da miedo que su chica pierda?
Al escuchar eso, Alba sonrió con tranquilidad.
—Claro, pero les advierto que no soy muy buena.
—No importa, si pierdes, corre por mi cuenta —susurró Liam cerca de su oído con su voz grave.
Samuel ya se frotaba las manos como un lobo frente a su presa.
El grupo se trasladó a la sala privada de juegos del bar.
Para su sorpresa, Isaac Moreno también estaba allí.
Isaac era un apostador empedernido y solía armar partidas con sus amigos.
Al ver a Alba, soltó una risa burlona.
—Alba, este no es lugar para ti. ¿Siquiera sabes cómo se agarran las cartas?
Su tono llevaba un evidente desprecio.
Alba levantó la mirada y una sonrisa fría se dibujó en sus labios.
—¿Por qué no te unes y lo averiguamos?
Isaac, sintiéndose desafiado, se puso de pie de un salto.



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