Alba estuvo a punto de oponerse, pero tras pensarlo un momento, concluyó que la idea no era nada mala.
El inversor principal no solo aportaba una generosa suma de dinero, sino que además actuaría como personaje secundario, atrayendo al público y generando expectativas para la película.
Casualmente, a ella le preocupaba un poco la idea de grabar escenas íntimas con un actor por primera vez; temía sentirse incómoda.
Pero si se trataba de Liam, sentía una gran tranquilidad y confianza.
—Está bien, eres el patrocinador, tú mandas. Pero si vas a participar, tendremos que hablarlo con el director Darío Panero para ver qué opina.
Alba cedió, y a Liam le pareció perfecto.
Al volver a casa, ella le comunicó rápidamente la noticia al director, y organizaron una nueva reunión para hablar del tema.
Alba temía que el director, conocido por ser extremadamente estricto y exigente con los actores, se negara a aceptar a Liam en el elenco.
A fin de cuentas, Liam no tenía formación actoral; ni siquiera llegaba al nivel de un aficionado.
Para su sorpresa, después de la prueba de cámara, el director Darío Panero se deshizo en elogios.
Consideraba que su presencia, su carácter e incluso su estatus social encajaban a la perfección con el personaje.
Y lo más sorprendente era que el temido señor Góngora tenía unas habilidades interpretativas dignas de admiración.
Especialmente en las escenas de acción, donde no necesitaba dobles en absoluto.
Tenía un talento innato para la actuación.
Alba compartía esa misma opinión.
En cuanto a los papeles protagonistas, Alba dejó la decisión en manos de Fernanda y el director.
Confiaba en que ambos harían una selección rigurosa, y que los actores elegidos serían personas con buena reputación, gran talento y un sólido nivel de popularidad.
Tras asegurar su participación como la pareja de Alba en la película, Liam estaba de un humor inmejorable y la invitó a comer.

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