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Ese príncipe es una chica: la esclava cautiva del rey vicioso romance Capítulo 269

ALTO SEÑOR HERODIS

Se quedó junto a la ventana, contemplando el campo abierto bañado por la luz de la luna.

La brisa nocturna susurraba a su alrededor, llevando consigo un agradable aroma a hierba y bosques distantes.

Las noticias de la corte habían llegado a sus oídos, y no podía dejar de sonreír.

-Estoy tan feliz por ti, mi querido amigo-, murmuró suavemente, su voz apenas audible sobre el susurro de las hojas afuera.

-¿Con quién estás hablando?

Herod se giró al sonido de la voz familiar, vislumbrando a Dale entrando en la habitación. La mirada aguda e inquisitiva de su hijo lo recorrió al entrar.

-Nadie, hijo-, Herod suavizó su expresión.

La ceja de Dale se levantó, su escepticismo claro. -Entonces ahora hablas contigo mismo?- Suspiró, acercándose a la cama y dejándose caer en ella con un gesto exagerado. -Te lo dije, Padre, esta soledad está empezando a afectarte.

-No estoy solo. Te tengo a ti-, contraatacó Herod defensivamente. -Además, no soy un lunático.

Dale resopló, sacudiendo la cabeza. -Si tú lo dices.- Recostándose en la cama, apoyó la cabeza en las manos. -Pero dime, ¿por qué estás sonriendo? No creas que no me di cuenta.

Herod se rió. -Estoy agradecido, eso es todo. Las cosas finalmente están empezando a mejorar para mi amigo.

-¿Amigo?- Dale frunció el ceño por un momento antes de darse cuenta. -Oh, te refieres al Vínculo de Alma del gran rey? ¿La princesa humana?

-Sí, esa es la que digo-, la sonrisa de Herod se profundizó.

Dale sabía todo sobre su amistad con Emeriel... Herod le había contado toda la historia hace años.

-Hoy, el Gran Rey hizo una declaración oficial, y mi amigo incluso pudo dirigirse a la corte-, informó a su hijo, tratando de mantener sus emociones bajo control, aunque sentía calidez en su pecho. -Todavía recuerdo vívidamente lo imposible que parecía este día hace dos años.

-Vives peligrosamente, Padre.- La voz de Dale llevaba un tono de incredulidad, un tono al que Herod se había acostumbrado a lo largo de los años. -Cielos, de todas las hembras con las que podrías ser amigo, ¿elegiste a la mujer de La Última? Todavía me asombra todo esto. No puedes imaginar el miedo que sentí cuando leí tu carta detallando todo lo que sucedió.

-Te dije que no fue así...

-Mira, sé que estás solo, Padre. Lo entiendo. Pero por favor, abstente de tomar decisiones imprudentes y correr riesgos mortales solo por compañía.

Herod resistió la tentación de rodar los ojos, manteniendo su sonrisa firme.

-Sí, señor-, dijo ligeramente, con humor en su voz.

Por más que asegurara a Dale que su relación con Emeriel había sido puramente platónica, su hijo seguía sin estar convencido.

Algunos días, Dale parecía creerle. En otros, hablaba como si esperara que las puertas principales se abrieran de par en par, el gran rey irrumpiendo para impartir una venganza rápida por atreverse a hacerse amigo de su Vínculo de Alma.

Herod entendía de dónde provenían las preocupaciones de su hijo, por más desubicadas que fueran.

Dale afirmaba que su regreso a casa era puramente por negocios en la ciudad, pero Herod no se lo creía. Estaba seguro de que su hijo había vuelto para hacerle compañía, su llegada ocurriendo solo tres meses después de recibir la sincera carta de Herod.

Mirando a su hijo, ahora reclinado con los ojos cerrados, un profundo sentido de orgullo llenó a Herod.

A los trescientos cincuenta años, Dale era todo un caballero maduro y refinado, tal como él y Rivera lo habían criado.

Capítulo 269 1

La extrañaba, extrañaba a ella. Extrañaba la facilidad con la que una vez llenaba los silencios.

Capítulo 269 2

Capítulo 269 3

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