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Ese príncipe es una chica: la esclava cautiva del rey vicioso romance Capítulo 17

-Al menos intenta sentarte, Emeriel -dijo la señora Livia, con la misma paciencia de siempre.

Pero Emeriel la ignoró. Sentía que algo lo desgarraba por dentro.

La urgencia de arrancarse la ropa era casi insoportable, pero se resistía, manteniéndose vestido a pesar del malestar. En lugar de ceder, caminaba de un lado a otro, con la respiración entrecortada y errática.

El sudor empapaba su piel febril, y sus extremidades temblaban sin descanso. Se movía con dificultad, tambaleándose sobre piernas debilitadas, mientras el dolor punzante en su pecho clamaba por liberarse de las ataduras apretadas.

La humedad entre sus muslos era innegable, y el clítoris hinchado palpitaba con cada latido. La necesidad de rendirse y aliviar la tensión era abrumadora, pero luchaba contra ella, con los dedos crispados y temblorosos por el esfuerzo.

Entonces, una nueva contracción lo azotó. El dolor era tan intenso que pareció atravesarlo como una lanza ardiente.

Emeriel gritó. La agonía le recorrió el vientre, y cada músculo de su interior se contrajo, exigiendo un alivio inalcanzable. El ardor era sofocante, como si su cuerpo se incendiara desde dentro.

Paralizado por el tormento, lanzó otro grito desgarrador mientras el dolor se extendía hasta su útero. Con los ojos anegados en lágrimas y fijos en el techo, apenas registró el gruñido amenazante que resonó cerca.

El gruñido sacó a Emeriel de su neblina dolorosa, incluso antes de que los espasmos cesaran por completo. Escaneó el entorno con la mirada, El sonido era real y, lo peor, estaba peligrosamente cerca.

Volvió los ojos hacia la señora Livia. No era una alucinación: la mujer se había puesto de pie de un salto, con el rostro tenso y la alerta dibujada en cada línea de su cuerpo.

- ¿Qué está pasando? -exclamó Emeriel, la desesperación quebrando su voz.

Otro gruñido resonó, más fuerte, más cercano.

La señora Livia palideció mientras sus ojos se clavaban en la puerta.

-La bestia -susurró, la voz apenas un hilo-. Se está acercando.

- ¿Qué? -Emeriel apenas tuvo tiempo de procesar las palabras cuando la puerta se abrió de golpe.

Y allí estaba.

La criatura más aterradora que jamás había visto.

Era la bestia de sus pesadillas.

De pie sobre sus patas traseras, se alzaba imponente, rozando los siete pies de altura. Una espesa melena negra enmarcaba su cabeza, y bajo las cejas fruncidas, sus ojos amarillos ardían con una intensidad hipnótica. Las enormes patas, armadas con garras afiladas como dagas, prometían una muerte rápida a cualquiera que se interpusiera en su camino.

Su cuerpo era un monumento de fuerza: musculoso, bronceado y cubierto de pelo en las zonas clave, con pectorales tan marcados que parecían tallados en piedra.

Ni siquiera sus sueños más vívidos lo habían preparado para semejante presencia. El mundo pareció tambalearse bajo sus pies. El miedo lo dejó clavado en el sitio, incapaz de moverse.

La bestia avanzó, cada paso tan grácil como letal. Solo entonces, en medio del pánico, Emeriel notó la larga cola que se deslizaba tras ella, como la sombra de una amenaza aún mayor.

La cola de la bestia, cubierta de espinas afiladas como una sierra infernal, se balanceaba con un ritmo inquietante. La punta, afilada como un puñal, se movía de un lado a otro, impredecible, mientras la criatura acechaba.

Emeriel no se atrevió a moverse cuando la bestia comenzó a rodearlo. El corazón le martilleaba en el pecho, pero su cuerpo se mantuvo rígido, como si el menor temblor pudiera sellar su destino. La criatura se inclinó y olfateó su cuello, tan cerca que la respiración caliente le erizó la piel.

Entonces, la bestia emitió un ronroneo largo y satisfecho.

En ese instante, Emeriel comprendió el verdadero peligro. No era un encuentro fortuito. La bestia no había llegado por casualidad.

Capítulo 17 1

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