Una hora más tarde, decidieron retirarse. Necesitaban aire, alejarse de las felicitaciones y asimilar el triunfo.
Salieron a la terraza privada del primer piso, un lugar apartado y tranquilo, justo antes de bajar al estacionamiento donde Ramón los esperaba con el auto.
La noche estaba fresca y el cielo iluminado por las luces de la ciudad que se extendía a sus pies.
Amanda se detuvo de pronto en medio de la terraza.
El corazón le empezó a latir tan fuerte que pensó que se le iba a salir por la garganta. Tragó saliva. Era el momento y no podía esperar ni un segundo más.
Se giró hacia él y lo tomó de la mano, entrelazando sus dedos con una fuerza nerviosa.
Víctor la notó tensa. Se acercó un paso, levantó la mano libre y le acarició la mejilla con una ternura infinita, apartándole un mechón de cabello suelto.
—¿Qué pasa, mi amor? —le preguntó, con la voz suave—. ¿Estás muy cansada? Hoy te luciste, Amanda, me tienes vuelto loco de orgullo. Eres brillante.
Amanda negó con la cabeza lentamente, sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—No es eso... —le tembló la voz—. Es que... hoy celebramos mi triunfo, pero... hay algo más, Víctor. El contrato más importante de mi vida no lo firmé allá arriba.
Víctor frunció el ceño, completamente confundido.
—No te entiendo, preciosa. ¿De qué hablas?
Amanda soltó su mano por un segundo.
Abrió el broche de su cartera, rebuscó con los dedos temblorosos y sacó la prueba de embarazo positiva.
Respiró profundo, cerró los ojos por un microsegundo y se lo entregó, poniéndoselo directo en la palma de la mano.
Víctor bajó la mirada.
El mundo pareció detenerse. El ruido de la ciudad desapareció. Víctor se quedó mirando las dos líneas rosadas perfectamente marcadas.
Parpadeó una vez. Dos veces.
Todas sus inseguridades sobre Melissa, sobre no ser el primero, se esfumaron con el viento de la noche.
La reacción de Víctor no era la de un hombre que ya había vivido esto; era la reacción de un hombre que estaba recibiendo el milagro más grande de su existencia.
Estaba saltando y gritando como un auténtico padre primerizo.
Víctor la bajó lentamente hasta que sus tacones tocaron el suelo, pero no la soltó.
Le tomó el rostro con ambas manos, manchándose de sus lágrimas, mientras las de él también caían sin vergüenza alguna.
—Me acabas de hacer el hombre más jodidamente feliz de este mundo —le susurró contra los labios, con la respiración agitada y el pecho subiendo y bajando—. Te amo, Amanda. Te amo a ti y amo a este pedacito de nosotros. No me va a alcanzar la vida para cuidarlos.
—Yo también te amo, Víctor... —sollozó ella, aferrándose a su cuello—. Tenía tanto miedo de que no te emocionaras igual...
—¿Estás loca? —la interrumpió él, mirándola con una devoción abrumadora—. Este es el hijo del amor de mi vida. Es nuestro verdadero tesoro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...