Amanda caminaba de un lado a otro en la inmensa sala de estar de la mansión Grimaldi. Su amiga Adriana la miraba desde el sofá, dándole un trago lento a su copa de vino.
Amanda se sentía vacía, y le daba mucha rabia admitirlo, pero no solo estaba destrozada por la traición, sino por la pérdida de su supuesto amante.
Ese fantasma llamado Carlos la había convertido en una mujer fogosa, pasional, completamente insaciable.
Él era el dueño absoluto de su deseo, el hombre que le enseñó a gozar sin barreras en esa habitación de hotel.
¿Y ahora? ¿Cómo diablos se iba a matar esas ganas que todavía le quemaban la sangre?
Ni muerta iba a permitir que Víctor, su propio esposo, le pusiera un dedo encima para apagar ese fuego, por mucho que su cuerpo supiera que eran la misma persona.
El engaño era demasiado atroz.
—Adri, ¿y ahora qué carajos voy a hacer? —soltó Amanda, dejándose caer pesadamente en el sillón frente a ella, frustrada.
—Pues nada, amiga. Seguir con tu vida y dejar de pensar en mentirosos —respondió Adriana, encogiéndose de hombros con total naturalidad—. Retoma tus proyectos. Pon esa firma de arquitectos que siempre quisiste y demuéstrale a todos que no eres solo la esposa de adorno. Sabes que cuentas conmigo para lo que necesites.
—¿Dejarías tu puesto seguro en la fundación para irte a trabajar conmigo, empezando desde cero?
—Claro que sí —dijo Adriana sin dudarlo ni un segundo—. Aunque nunca terminé la carrera porque los libros y el estudio no eran lo mío, soy una bala para la administración. Puedo serte muy útil organizando los números y sacando a la gente a patadas si hace falta.
—Eso haré, entonces —murmuró Amanda, sintiendo una chispa de esperanza—. Desempolvaré mi título de arquitecta y comenzaré a buscar mis propios proyectos.
—Con el dinero que tienes guardado de tus ahorros puedes arrancar. Y si te hace falta más para empezar, tan solo se lo sacas a la Corporación Grimaldi y ya. Víctor te debe eso y mucho más.
—De ninguna manera —la cortó Amanda al instante, frunciendo el ceño—. No quiero tocar un solo centavo de Víctor.
—Amanda, por favor, no seas tan orgullosa que eso no te da de comer. Toma lo que te corresponde legalmente y listo. Estar casada con un loco manipulador como Víctor tiene que valer la pena económicamente de alguna forma, ¿no crees?
Amanda suspiró y se pasó las manos por la cara, agotada.
—Es que no lo entiendes, Adri. Cada vez que pienso en su dinero o en su nombre, pienso en la farsa. Pienso en que le mamé la polla creyendo que era Carlos. Me vulneró la mente por completo. Y encima, ni siquiera sé qué va a pasar con el divorcio ahora, porque por el maldito contrato estamos atados por dos años más. Es una pesadilla.
—Ese contrato se puede romper, los abogados siempre encuentran la trampa —le aseguró Adriana—. Y sobre lo otro... tómalo como que tú usaste su cuerpo para matarte las ganas. El que quedó como un patético disfrazado y embustero fue él, no tú.
***
Más tarde ese mismo día, en el edificio de la zona norte de la ciudad.
—No te confundas —la corrigió Daniel, alzando una ceja con ironía—. De Mattias no se va a desentender jamás. De la que se quiere desentender por completo es de ti. Todo lo relacionado con las visitas y el bienestar del niño lo manejará su abogado, Fernando. Ya sabes cómo es esto. Víctor no quiere tener ningún tipo de contacto contigo.
—¡Víctor no me puede estar haciendo esto! —gritó Melissa, arrugando el sobre con pura rabia—. ¡No puede botarme así!
—Pero lo está haciendo, querida. Así que agarra tu apartamento, la tarjeta y no des más problemas.
Sin soportar un segundo más de berrinche, Daniel dio media vuelta y salió del apartamento, cerrando la puerta a sus espaldas.
Daniel llegó a los ascensores y presionó el botón.
Las pesadas puertas se abrieron casi al instante y de adentro salió un tipo enorme, de aura oscura y peligrosa. Daniel lo esquivó para entrar a la cabina y marcó la planta baja.
—Buenas tardes —murmuró, dándose la vuelta para mirar hacia el pasillo.
El tipo apenas le respondió con un asentimiento seco y siguió caminando.
Las puertas de metal se cerraron de golpe frente a la cara de Daniel, bajándolo sin darle tiempo de ver a dónde iba ese sujeto, ajeno por completo a que el pasado de Melissa acababa de llegar a buscarla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...