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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 15

Amanda se quedó estupefacta al sentir el calor de esa mano grande aferrándose a su cintura. Parpadeó un par de veces, incrédula, intentando procesar lo que estaba pasando.

En los años que llevaban casados, asistir a un evento público con él era sinónimo de aburrimiento e indiferencia de su parte.

Víctor siempre se sentaba en la esquina opuesta de la mesa, metido de lleno en su teléfono, ignorándola por completo o simplemente desaparecía para ir a hablar de negocios con otros empresarios.

Jamás la tocaba y, muchísimo menos, se le pegaba de esa manera.

Pero ahora, el hombre estaba ahí, pegadito a ella, respirando su mismo aire, proyectando la imagen correcta de un matrimonio feliz y compenetrado.

Amanda lo miró de reojo, respirando profundo para intentar calmar el revoloteo que se le formó en el estómago al tenerlo tan cerca.

—Víctor, estás muy pegado —murmuró ella, con una mezcla de rareza y sintiéndose bastante incómoda por la cercanía repentina.

Víctor ni se inmutó. Al contrario, se inclinó un poco más hacia ella, entrando en su espacio hasta que sus labios rozaron peligrosamente su oído, provocándole un escalofrío que no pudo disimular.

—Sigue el juego, como siempre —le susurró él, y su sutil voz que le hizo vibrar la piel.

Amanda soltó una risita irónica, puramente a la defensiva.

—¿Qué pasa? ¿No te tomaste tus tranquilizantes hoy? —le soltó, mirándolo con sarcasmo.

—No empieces, Amanda —le advirtió él, manteniendo una sonrisa de cara a la galería, como si estuvieran compartiendo una broma íntima.

—Pues tú estás muy raro —replicó ella por lo bajo—. Aléjate un poquito, que me asfixias.

A pesar de sus quejas y de intentar poner distancia, Amanda sintió una satisfacción ardiente subiéndole a la cabeza, un calorcito que le alimentaba el ego.

El inalcanzable Víctor Grimaldi, el hombre que siempre la había escondido en la mansión y la trataba como un cero a la izquierda, ahora estaba pegado a ella delante de toda la alta sociedad Californiana.

Quiso odiarlo con todas sus fuerzas, quiso apartarlo de un empujón para dejarlo en ridículo, pero en el fondo no pudo.

Su vanidad de mujer, recién despertada, estaba disfrutando el show de verlo marcar territorio ante las miradas envidiosas de las demás mujeres de la gala.

De pronto, las luces del enorme salón bajaron su intensidad y la orquesta en vivo empezó a tocar una melodía suave, romántica y envolvente.

Varias parejas comenzaron a levantarse de sus mesas para dirigirse a la pista central.

Antes de que Amanda pudiera procesar el cambio de ambiente, Víctor se levantó de su silla, se abotonó el saco con un movimiento elegante, y le extendió una mano.

—Amanda... —suspiró él, tensando un poco la mandíbula para no salirse de su papel.

—Es que el Víctor que yo conozco no baila, no me toca y, mucho menos, se porta tan amable y atento conmigo en público. Todo esto es demasiado raro.

Víctor la apretó un poco más contra él, obligándola a sentir la dureza de su pecho.

Bajó la mirada para clavar sus ojos en los de ella. La intensidad con la que la miró la dejó sin aliento.

—Soy tu marido —dijo él, midiendo cada palabra con un peso que le caló hasta los huesos—. Soy el hombre que te representa esta noche ante toda esta gente. Y quiero que todos, absolutamente todos, vean lo espectacular que luces y que estás conmigo.

Amanda rodó los ojos, intentando restarle importancia para que no notara cómo le había temblado el pulso con esa declaración de disfrute, pero por dentro estaba boquiabierta.

Su corazón latía a mil por hora.

Se dejó llevar por el ritmo de la canción, apoyando ligeramente una mano en su hombro.

A su alrededor, el salón entero parecía haber desaparecido para ella, aunque en realidad, todas las miradas de los invitados estaban clavadas en ellos.

Los murmullos de asombro llenaban el aire y los fotógrafos de la prensa se daban un banquete, disparando ráfagas de fotos que inmortalizaban al arrogante magnate, rindiéndose públicamente, por fin, ante los encantos de su deslumbrante esposa.

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