—Sí, fui yo... —soltó Alexander sin tapujos, dándole un sorbo a su bebida—. Era algo que Víctor Grimaldi me debía. Un pequeño golpe bajo para nivelar el terreno.
Melissa retrocedió un paso, sintiendo que el aire le faltaba.
—¡Oh, por Dios! ¿Eres enemigo de Víctor?
Alexander se echó a reír sin una gota de culpa.
—No uses esos términos tan feos, cariño. Digamos simplemente que tenemos unos cuantos asuntos pendientes y algunas cosas en común.
—Sigo sin entender. ¿Qué cosas en común puedes tener tú con él?
—Amanda, por ejemplo.
—¿Qué tiene que ver Amanda en todo esto? —preguntó Melissa, frunciendo el ceño, sintiendo un pinchazo de inseguridad.
—Ella es la causa principal de mi pequeña riña con Grimaldi —lo dijo descaradamente, mirándola fijamente con una sonrisa cínica.
—¿Te gusta esa mujer?
—Así es. Es una mujer que no solo tiene clase y educación, sino que está podrida de buena. Po eso la quiero para mí.
Melissa sintió que la sangre le hervía.
El ego se le fue al piso.
Todo este tiempo pensó que Donovan la buscaba por ser irresistible, y resultaba que solo era un premio de consolación, una herramienta para joder a la verdadera mujer que él quería.
El coraje le ganó.
—Pues, para tu información, tu mujercita perfecta está embarazada de Víctor —escupió Melissa de mala gana.
La sonrisa arrogante de Alexander se borró de golpe. El vaso de whisky casi se le resbala de la mano.
—¿Qué dices?
—Lo que escuchaste perfectamente. Van a tener un hijo. Y ahora sí que van a ser la parejita más feliz del mundo, porque te aseguro que no piensan divorciarse nunca. Te salió mal la jugada.
—¿Cómo demonios te enteraste de eso? —exigió saber Donovan, cambiando su tono relajado por uno duro y autoritario.
—El mismo Víctor me fue a ver hace rato a mi departamento. Fue a reclamarme por la estupidez de la noticia, creyendo que yo la había filtrado, y ahí me lo tiró en la cara.
Alexander apretó la mandíbula. Esto le cambiaba por completo el panorama.
—Esto no me lo esperaba... —murmuró para sí mismo.
—¿Qué no te esperabas? ¿Que volvieran? ¡Pues espéralo! —le gritó Melissa, acercándose a él—. ¡Ah! Y te pasaste de la raya al exponer a mi hijo. ¡No tenías ningún derecho a meter a Mattias en las noticias para tus jueguitos de venganza!
Donovan la agarró del brazo con fuerza cuando ella intentó encararlo de frente. Empezaron a forcejear en medio de la sala.
Melissa, ardiendo de rabia al sentirse usada, se zafó con un tirón violento y agarró su cartera del sofá.
—¿Cómo?
—Ahí te tengo las pruebas.
Jake sacó unas fotografías. En ellas se veía a Melissa entrando y saliendo de un condominio de ultralujo en la zona más exclusiva de Bel-Air.
—¿Cómo sabes tú todo esto, Mario?
—Tengo ojos en todos lados, Jake. Le pagué unos buenos dólares a uno de los choferes privados que contrataron para ella y me lo soltó todo. Y agárrate, que no es solo que la tiene metida en ese penthouse. El tipo le compró un coche del año, le regala joyas de miles de dólares y todo lo que la princesita le pida.
Jake golpeó la mesa con el puño cerrado, arrugando una de las fotos.
—O sea, que se convirtió en su puta favorita.
—Exactamente. Y lo peor del asunto, Jake, es que nosotros no estamos recibiendo ni un solo centavo de todas esas ganancias. Ella nos está viendo la cara. Está saltándose las reglas del club, vendiendo su exclusividad por fuera y usando nuestros contactos para hacerse rica.
La vena en el cuello de Jake se marcó del puro coraje. Tiró las fotos de vuelta a la mesa y apagó el habano en el cenicero con coraje.
—Esa malagradecida... —masculló Jake, con los ojos brillando de furia—. Melissa me va a oír. A mí nadie me roba clientes en mis propias narices.
—¿Qué quieres que hagamos? —preguntó Mario, listo para actuar—. ¿Le hago una vista?
—No. Mucho mejor. Llámala ahora mismo. Dile que necesito verla en mi oficina antes de abrir esta noche, y que es obligatorio. Le vamos a recordar muy amablemente quién la sacó del agujero donde estaba. O nos empieza a dar el cuarenta por ciento de todo lo que el canadiense le da, o me voy a encargar personalmente de mal ponerla con Grimaldi.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...