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Enamorado de mi ex esposa romance Capítulo 54

Al oír eso, la expresión de Tobías se ensombreció.

Al poco tiempo, Carlos se deslizó hacia ellos y se acercó a Sonia.

—Muñeca, ¿estás bien?

—Sí, estoy bien.

—Es bueno saberlo —murmuró Carlos y suspiró aliviado. Luego, adoptó un tono impaciente y gritó a la persona que se deslizaba por la pendiente—: ¡Oiga! Señorita García, ¿puede darse prisa? —Tan pronto como Tania llegó con los esquís, él replicó con brusquedad—: Vi todo lo que ocurrió ¡así que no se atreva a negarlo! ¡Empujó a Sonia!

—No podía ver bien por culpa del casco. —Tania se mordió el labio y se disculpó con Sonia—. Siento haberla empujado por accidente, señorita Reyes.

—Sonia estaba justo frente a usted, no estaba de pie en un costado. Estaría ciega si no la vio. —Carlos alzó su mano y la agitó frente a los ojos de Tania—. Señorita García, ¿se ha quedado ciega? ¿Necesita que le recomiende un médico para que la trate?

—¡Suficiente! —dijo Tobías en tono disgustado—. Acabo de salvar a la señorita Reyes y Tania también se disculpó.

—Presidente Furtado, es obvio que usted sabe lo empinada que es esta pista —replicó Carlos mientras exhibía una sonrisa de desprecio—. Mientras tanto, mi muñeca es solo una principiante para esquiar. Si nadie hubiera acudido a rescatarla tras el empujón de la señorita García, sin duda habría rodado por la colina y se habría roto un hueso. ¿Puedo asumir que su novia intentó asesinar a Sonia?

—¡Carlos, deja de ser tan agresivo! —Debido a la ira que sentía, había un dejo de enrojecimiento en los ojos de Tania, y su voz temblaba mientras mascullaba—: Sinceramente, no la vi. Si no es capaz de creerme, entonces puedo esquiar cuesta abajo ahora mismo y, como venganza, la señorita Reyes puede empujarme.

—¡De acuerdo! —Carlos aceptó de inmediato—. Puedes ir hacia arriba ahora mismo y dejar que Sonia te empuje. Estaré allí para salvarte y entonces estaremos a mano.

Sin saber qué decir, Tania se apoyó sobre Tobías y mostró una expresión débil y lastimosa.

Sonia notó la expresión hostil de Tobías y parecía estar molesto por la persistente agresividad de Carlos, por lo que tironeó del brazo de su amigo.

—Vamos, regresemos.

—¡Aún no quiero irme! —gritó Carlos, que estaba bastante disgustado—. Ya obtuviste el maldito divorcio de Tobías, pero encima ¡su novia te maltrata! ¿Vas a seguir dejándote pisotear?

—Sergio me dio los detalles sobre la adquisición de Grupo Continental —dijo Sonia en voz baja tras acercarse a él.

Sergio y Tobías eran buenos amigos. El primero no tendría reparos en seguir todas las indicaciones de su amigo, y optaría por prescindir de su colaboración si Tobías se lo pedía. Sonia tampoco tenía intenciones de que Tania se saliera con la suya; sin embargo, era mucho más reacia a que Tobías se involucrara y evitara que ella se apoderara de Grupo Continental.

Tan pronto como escuchó sus palabras, Carlos sopesó en su mente de inmediato los pros y los contras. Al final, resopló con disgusto, pero consiguió calmarse lo suficiente. Sin embargo, se dio la vuelta y enseñó a ambos su dedo del medio antes de marcharse.

«¡Nunca he conocido a un hombre tan mordaz y despreciable como Carlos!». pensó Tania sin poder poner en palabras su furia. En ese momento, la mujer notó la expresión de Tobías, la cual era fría como el hielo.

—Estaba tan absorta en esquiar que no noté que la señorita Reyes estaba delante mío—explicó ella con suavidad—. Me disculpé con ella, pero no esperaba que Carlos fuera tan agresivo. ¡Ejem!

Se inclinó hacia adelante y tosió repetidas veces mientras su rostro se volvía más pálido que antes.

Al notar su palidez, Tobías no pudo soportar mantener su actitud distante y la tomó en sus brazos.

—Estoy a tu lado, así que no se atreverá a hacerte nada. Lo máximo que puede hacer es atacarte verbalmente. Aquí hace demasiado frío, regresemos al hotel.

—De acuerdo. —Tania rodeó su cintura con los brazos y esbozó una pequeña sonrisa.

Ya eran las cinco de la tarde cuando Sonia y Carlos llegaron de regreso al hotel.

Ella pasó por la recepción y le informaron que, en ese momento, Ramiro estaba en la sala de juegos, así que se dirigió a verlo ella sola. Para la situación, utilizó el habitual comportamiento desvergonzado de Carlos y, sin más, reveló a Ramiro sus planes de comprar su compañía a un precio negociable. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, él se mostró bastante obstinado y se negó a aceptar sus condiciones.

—No me importa cuánto esté dispuesta a ofrecer, ¡no venderé la compañía! —masculló con frustración por fin. Luego, la echó de la sala de juegos—. Debería marcharse.

Mientras tanto, Sonia permaneció de pie en su lugar con un dolor de cabeza punzante. Estuvo a punto de llamar a Carlos para que fuera a ayudarla, pero entonces se dio cuenta de que, si consideraba la actitud de Ramiro en ese momento, era probable que su amigo no fuera capaz de convencerlo, incluso si utilizaba su elocuencia. Además, si ella no tomaba la iniciativa de manejar las discusiones por su cuenta, no sería capaz de ganar experiencia y aprendizaje.

En ese momento, Sonia recordó al hombre y entró en su Messenger. Encontró su número de contacto y envió un mensaje: «¿Has tratado con Ramiro Durán, el jefe de Grupo Continental? Es bastante difícil dialogar con él. No parece interesado en hablar conmigo, por mucho que le ofrezca».

Tras enviar el mensaje, Sonia quedó pensativa.

«¿Por qué le pregunto a este hombre? ¿No sería mejor preguntarle a Sergio?».

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