Tomás gastó mucho dinero para invitar a Sonia y a Sergio a cenar, y evidentemente estaba bastante orgulloso de sí mismo cuando entró a la casa pavoneándose; ya había firmado el contrato para las pruebas. Mientras tanto, Sergio y Sonia habían prometido mantener el secreto por el momento; para cuando pasara las pruebas y se uniera de forma oficial al equipo nacional de básquetbol, Tomás ya no temería la furia de Tobías porque sería insignificante. Y así, él tarareó una melodía mientras se dirigía al vestíbulo para ponerse las pantuflas; sin embargo, entró a la sala de estar y se sorprendió al ver a Tobías sentado en el sofá, este estaba vestido con ropa holgada y en ese momento estaba fumando un cigarrillo de forma muy relajada.
—¡T-Tobías! —Tomás saltó del susto y tartamudeó un poco—: ¿P-por qué has vuelto tan pronto? Creí que Tania seguía en el hospital, ¿por qué no estás allí para verla?
Su hermano lo miró.
—¿Has cenado?
—Sí.
—Ven aquí. —Tobías sacudió la ceniza del cigarrillo al borde del cenicero con el dedo índice—. Vamos a conversar.
Justo en ese momento, Tomás pudo sentir que una sensación de frío le recorría la espalda. «¡Maldita sea! ¿Tania le ha dicho que voy a participar en las pruebas?». Tomás se aferró a su mochila y caminó hacia adelante con inquietud. Luego, tomó asiento en el sofá junto a su hermano, pero todo su cuerpo seguía bastante tenso.
—Tobías, todo es culpa mía... —Empezó.
Tomás había planeado admitir su error y asumir toda la responsabilidad por todo. «El peor castigo que él puede infligirme es mirar la pared, así que no es para tanto». Él quería evitar que su hermano siguiera investigando, por miedo a que este se enfrentara a Sonia por ello.
—Adelante, juega al básquetbol si es lo que realmente quieres. —Tomás apenas había empezado a hablar, pero Tobías lo interrumpió antes de que terminara.
Lo miró con incredulidad y se preguntó si había escuchado algo mal.
—Tobías, ¿estás de acuerdo en que... juegue al básquetbol?
—Sí, adelante —respondió su hermano con despreocupación—. Haz lo que te haga feliz, no te lo voy a impedir y eso incluye jugar al básquetbol también; hablaré con mamá al respecto.
Tobías había vuelto a ver los dos videos que Sergio había enviado cuando llegó a la casa por la noche y había contemplado la situación durante bastante tiempo debido a las palabras de Sonia; por fin, consiguió asimilarlo todo. Él había entrado a la compañía familiar cuando estaba en la escuela debido a su excepcional talento para los negocios. Además, tampoco estaba en contra; sin embargo, a Tomás no le gustaban las finanzas y estaba claro que no tenía intención de trabajar para Grupo Furtado.
Antes, Tobías había llamado al entrenador que había ido ese día a la escuela; pudo percibir un gran aprecio de él hacía Tomás por sus palabras. El entrenador lo había elogiado a lo largo de su conversación e insistió en que un talento tan grande debía cultivarse bien y que, algún día, Tomás brillaría definitivamente en el mundo del atletismo. Justo en ese momento, Tobías se dio cuenta de que no debía obligar a su hermano a hacerse cargo del negocio familiar si él se mostraba reacio; de lo contrario, podría terminar odiándolo, además, tampoco quería frenar su talento para jugar al básquetbol.
—¿Esto es de verdad? —Los ojos de Tomás brillaron y, al sentirse sorprendido, no podía creer lo que escuchaba—. ¡Tobías, eres increíble! ¡Eres el hermano más liberal del mundo! No te preocupes, no te defraudaré; seguro que entraré al equipo nacional y ganaré muchas medallas.
—Este es el camino que has elegido para ti, así que tienes que perseverar. No te desprestigies ni desprestigies el nombre de la familia —respondió Tobías al oírlo.
—¡Entendido! —Tomás asintió con vehemencia antes de servirle un vaso de agua y algunas frutas—. Tobías, ¿has ganado una licitación hoy? Me parece que estás más paciente y comprensivo de lo normal.
—Entonces, ¿cuáles eran tus verdaderos pensamientos sobre mí antes? —Tobías reveló una leve sonrisa y lo miró—. ¿Bravo?
Mientras tanto, Tomás se rascó la cabeza y respondió en voz baja:
—En realidad no. En el pasado, me sentía más como uno de tus empleados que trabajaba para ti; escucharte hablar podía ser bastante estresante.
Tobías se rio a carcajadas y se mantuvo callado durante un rato antes de decir:
—Es porque una mujer me ha enseñado hoy una importante lección.
«A lo largo de todos estos años, tenía asumido que lo sabía todo, pero después de escuchar las palabras de Sonia hoy, me di cuenta de que nunca presté atención a los verdaderos pensamientos de Tomás. Siempre mantuve una postura autoritaria frente a él y nunca le mostré ninguna preocupación como hermano, por lo que nunca tuvimos una relación realmente cercana».
—¡Vaya! ¿Qué clase de mujer se atrevería a comportarse de forma tan insolente y a regañarte? —cuestionó Tomás con un tono de voz sorprendido—. ¿Era tu orientadora de disciplina de la escuela?
Tobías prefirió no responder; en su lugar, preguntó impasible:
—¿Qué has cenado con Sonia esta noche?

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