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Enamorado de mi ex esposa romance Capítulo 470

Cuando el reloj dio las cuatro, Sonia se marchó. Tobías tampoco la retuvo y permitió que la cuidadora la acompañara para despedirla.

Al salir del edificio del hospital, la joven se detuvo en seco.

—Ya puede volver. Gracias. —Le dijo a la cuidadora.

—Muy bien, señorita Reyes —asintió y se dio la vuelta para volver a entrar en el nosocomio.

Sonia tomó su equipaje y se preparó para llamar a un taxi en la carretera. Cuando llegó a la orilla, un deslumbrante Benz negro apareció y se detuvo frente a ella. La puerta del auto se abrió y Rita bajó de él. En cuanto divisó a Sonia, se quedó atónita durante un rato y luego esbozó una sonrisa mientras saludaba:

—¡Qué casualidad, señorita Reyes! ¿Acaba de salir del hospital?

Sonia entrecerró los ojos.

—Eso no es de tu incumbencia —respondió inexpresiva.

No esperaba que Rita saliera de custodia tan pronto.

Al ver la actitud molesta de Sonia, Rita no se enfadó en absoluto, por el contrario, sin dejar de sonreír, dijo:

—Señorita Reyes, no tiene que ser tan cautelosa conmigo. Nos conocemos, así que no hay necesidad de tener una relación tan tensa. Además, tengo una gran deuda con usted.

—¿Una gran deuda? —Sonrió con sorna.

Rita asintió.

—Sí, si no fuera por usted y por el señor Collado, todavía estaría en la familia Carrasco y continuaría siendo víctima de la ira de esa pareja. Jamás me hubiese enterado de que era, en realidad, hija de una familia adinerada, así que les estoy muy agradecida a usted y al señor Collado por haberme encontrado para que, por fin, pudiera regresar a donde pertenezco.

Al escuchar eso, Sonia adoptó una expresión amarga. Si hubiera sabido antes que la sustituta de Rita resultó ser la verdadera hija de los García, no habría aceptado la sugerencia de Sergio de poner una espía en esa familia. De ese modo, nunca habría llegado a una situación en la que, no solo no consiguiera sacar información alguna de la familia, sino que incluso tuviera que conspirar contra ella.

—Veo que tienes una manera muy particular de dar las gracias a quien te ayudó. Si es así, entonces tendré que pensarlo dos veces antes de aceptar tu agradecimiento —resopló mientras miraba a Rita.

Un destello de rabia se reflejó en los ojos de la muchacha, pero se recuperó enseguida.

—En este caso me equivoqué. No estaba en mis cabales. ¿Qué debo hacer para que me disculpe? —respondió al tiempo que se apartaba un mechón del rostro y lo colocaba detrás de su oreja.

—No, no aceptaré tus disculpas. Además, déjame decirte esto, Tamara…

—¡Señorita Reyes, por favor, llámame Rita! —La corrigió con sonrisa pícara.

Tras oír eso, Sonia frunció el ceño y, de inmediato, esbozó una inesperada sonrisa.

—Siempre tan ansiosa por deshacerse de ese nombre, ¿no es así?

—¿Cuál es el problema? Para empezar, no era Tamara Carrasco, ¿no? —expresó y entrecerró los ojos.

Sonia levantó la barbilla.

—Sí, no eres Tamara Carrasco, pero no puedes negar que lo fuiste durante más de veinte años, así que no hay nada malo en que te llame así, ¿verdad?

—Usted… —Al ver que Sonia se rehusaba a llamarla por su verdadero nombre, incluso pese a que se lo había pedido, no pudo mantener su sonrisa por más tiempo. Estaba tan enfadada que su rostro se distorsionó por la ira, y fulminó a Sonia con la mirada mientras hablaba—. Lo hace a propósito, ¿no? Me dice Tamara solo para molestarme.

—No puedo evitarlo si eso es lo que quieres pensar —respondió y se encogió de hombros, indiferente.

Un sentimiento de rabia se apoderó de Rita por completo. Después de un rato, finalmente resopló.

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