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Enamorado de mi ex esposa romance Capítulo 468

Sonia apartó la mirada, se rehusaba a mirar sus ojos escalofriantes. Su instinto le decía que no debía mirarlo a los ojos, o si no podía caer en un abismo sin fin. Al ver que Sonia apartaba la mirada, Tobías soltó un suspiro leve antes de cambiar de tema.

—Bueno, me llamaste esta mañana, ¿no?

Tras escucharlo, Sonia asintió con rapidez.

—Sí.

—Lo siento, tenía el teléfono apagado —respondió Tobías.

Sonia lo miró.

—Lo sé. Solo quería preguntarle de qué hablamos anoche. ¿Cómo es que la llamada duró más de trescientos minutos?

—De nada. Te quedaste dormida. —Su aclaración fue corta y simple.

Sin embargo, ella no parecía estar convencida, y frunció el ceño ante la respuesta.

—¿A qué se refiere? ¿Está diciendo que después de que contesté la llamada, no le dije nada y me quedé dormida?

—Sí. —Tobías asintió—. Cuando te llamé, contestaste, murmuraste algo y luego dejaste de responder.

Solo en ese momento Sonia entendió la situación. No se habían dicho nada por teléfono la noche anterior, y solo había dormido durante la llamada.

—Presidente Furtado, ¿por qué no cortó? ¿Por qué dejó que continuara la llamada? —Frunció los labios mientras manifestaba lo que parecía ser sentido común.

Tobías sonrió, pero no respondió. No podía decirle que solo lo hizo para escucharla respirar e imaginar que dormía a su lado. Sabía que, si hacía tales comentarios, ella creería que él estaba loco.

Al ver como Tobías sonreía en silencio, Sonia quedó desconcertada y no podía entender lo que se le pasaba por la mente. Sin embargo, al ver como se comportaba Tobías, Sonia sabía que él no quería contarle. Así fue como dejó pasar el tema. En cambio, solo preguntó por el motivo de la llamada:

—No era nada importante. Solo quería preguntarte cuándo exactamente ibas a volver hoy día. Nunca me imaginé que ibas a estar dormida para cuando llamara. —Tobías tomó un vaso con agua de la mesa de al lado de la cama y bebió un sorbo.

Sonia movió los labios rojos ya que estaba por decir algo, pero justo en ese momento, un golpe en la puerta la interrumpió y se escuchó la voz de Teo desde afuera.

—Presidente Furtado, tengo el almuerzo que me pidió.

—Yo atiendo. —Sin esperar a que Tobías respondiera, Sonia se puso de pie casi de inmediato.

«Después de todo, la comida es para mí. Si no la busco yo, ¿quién lo haría? Ciertamente no Tobías». Sonia se acercó a la puerta y la abrió.

Teo no estaba sorprendido de verla y solo le dio la comida.

—Señorita Reyes, el presidente Furtado me pidió que le traiga esto.

Tobías acababa de almorzar así que Teo sabía que no iba a querer comer en ese momento. Por lo tanto, era evidente que ese almuerzo era para Sonia.

—Gracias, señor Britos. Perdón por las molestias. —Sonia tomó la bolsa con la comida.

—No se preocupe. Solo cumplo órdenes. —Tras hablar, Teo cerró la puerta.

Sonia se quedó mirando la puerta, luego se encogió de hombros sin poder hacer nada. El comportamiento de Teo hacia ella había cambiado comparado con el de hacía unos días, cuando la miraba con furia sin motivo aparente, pero en ese momento era mucho más distante cuando hablaba con ella. Aun así, esa era una consecuencia de la que tenía que hacerse cargo. «Después de todo, le causé la herida superior».

Sonia bajó la mirada y sonrió, luego se dio vuelta y volvió a la cama. Tobías hacía algo con la tableta. Cuando vio que regresaba, levantó la mirada.

—Come. Tengo que pedirte un favor cuando termines.

—¿Necesita ayuda con algo? —preguntó Sonia mientras pestañeaba.

Tobías sonrió levemente.

—Te lo diré una vez que comas.

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