El hombre llevaba un abrigo negro que acentuaba su atractivo; no obstante, por su actitud naturalmente indiferente y su mirada distante, hacía que las personas no pudieran acercarse a él. Cuando Sonia vio su rostro, no pudo evitar que su corazón se acelerara y bajó la cabeza con naturalidad. No esperaba que incluso después de haber estado divorciada de él por tanto tiempo, aún le causara algún efecto.
—Presidente Furtado, ya llegó. —A pesar de que Cintia se había molestado con Rebeca, saludó a Tobías de inmediato con una sonrisa—. Escuché que Tania dijo que tiene mucho trabajo. ¿Vino a recogerla?
Él murmuró en respuesta con gentileza y, cuando su mirada pasó por encima de Sonia, frunció el ceño descontento. «¿Esta mujer se olvidó de la lección que aprendió en el Edificio Flor de Cerezo?».
Cuando Sergio lo llamó media hora antes y le dijo que Sonia y Tania jugaban póker juntas en una sala de Club Luna, Tobías no le creyó. Sabía que Sonia era bastante mala jugando a las cartas y pensaba que no sería tan necia de jugar con Tania. Sergio sabía que quizás no le creería, por lo que le envió una foto y, solo cuando recibió la evidencia fotográfica, condujo hasta el club. Se acercó a Tania de inmediato y su tono se enterneció cuando vio que se veía frágil.
—¿No dijiste en la tarde que estuviste tosiendo? ¿Por qué estás aquí jugando póker?
Ella esbozó una débil sonrisa.
—Solo es una tos leve, no te preocupes. Además, Melisa está en Ciudad del Mar, así que quiero mostrarle los alrededores.
Tobías conocía a la familia Suárez de Zona Norte y estaba familiarizado con el amo Suárez. Él se quitó la bufanda y la envolvió alrededor de Tania, a pesar de que fue un pequeño movimiento, fue suficiente para hacer que las mujeres a su alrededor se entusiasmaran.
—Dios mío, presidente Furtado. Todas sabemos que se preocupa mucho por Tania, pero la calefacción está encendida; solo intenta presumir su amor por ella delante de nosotras —comentó Cintia.
Luego de escuchar sus bromas, Tania se sonrojó y la fulminó con la mirada.
—Si dices otra estupidez, te irás de aquí.
—De acuerdo, no diré nada más.
Cuando Sonia vio que Tobías envolvía la bufanda con cuidado alrededor de Tania y que le pasó una bebida caliente en el instante que se sentó junto a ella, su comportamiento íntimo hizo que le dolieran los ojos. Había caído deliberadamente en la trampa de Tania para castigarla que dejara a Tobías y que jamás regresara a Ciudad del Mar, mas él había aparecido. Luego de ver con el cariño que había tratado a Tania, Sonia no tuvo ganas de continuar la batalla.
Tobías les dio un vistazo a las cartas de Tania y dijo con indiferencia:
—La señorita Reyes no es buena jugando al póker. Olvidémoslo luego de esta ronda. Ustedes tampoco se divertirán jugando con una principiante como ella. Yo jugaré unas cuantas rondas contigo en su lugar.
La sonrisa de Tania se paralizó y respondió con delicadeza:
—De acuerdo.
Por otro lado, Cintia continuó mirando las cartas de Sonia y se dio cuenta de que tenía muchas probabilidades de ganar esa ronda y, dado que estaba algo preocupada, estuvo a punto de informarle a Tania cuando Sonia apartó su juego y sacó una carta. Al verla, Tania estaba eufórica y también reveló sus cartas poco a poco.
—Gracias, señorita Reyes.
—¡Guau! Eres asombrosa, Tania. No puedo creer que tengas una escalera real —exclamó Cintia agitada luego de ver las cartas de Tania.
—Sonia, Tania ya ganó tres rondas; tiene que aceptar la derrota. —Con una sonrisa despectiva, Melisa presionó un botón para pedirle al camarero que entrara a la sala, y luego, le pasó una pila de dinero—. Pídele a un tatuador que venga aquí lo antes posible.
—De acuerdo. Espere un momento, por favor.
Cuando Tobías vio todo eso, frunció un poco el ceño y le preguntó a Tania:
—¿Qué sucede?
—Me enteré por Tomás que la señorita Reyes tiene un tatuaje con la abreviatura de tu nombre… —explicó Tania en voz baja luego de morderse los labios—. Además, incluso insistió en apostar conmigo; dijo que, si perdía la apuesta, se quitaría el tatuaje.
Rebeca apoyó el mentón en la mano mientras miraba a Tania.
—Señorita García, fue usted quien se encontró con la presidenta Reyes en la entrada del restaurante y le preguntó si tenía un tatuaje en la cintura con las iniciales «TF». También le pidió que apostara con usted en una ronda de póker. ¿Y ahora dice que la presidenta Reyes era quien quería apostar? Oh, qué buena es con las palabras.
—No seas sarcástica. —Dado que Cintia contaba con apoyo, le rugió a Rebeca—: Tania no quiere que el nombre de su novio esté tatuado en el cuerpo de otra mujer. ¿Qué tiene eso de malo?

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