—Tania, ¿qué sucede? —preguntó Jorgelina, como si percibiera que había algo raro en la expresión de Tania.
De inmediato, Tania bloqueó el teléfono, y dijo con gentileza:
—No es nada. Mi madre me envió un mensaje preguntando cuando regreso. Le responderé más tarde.
Jorgelina no sospechó nada y se giró para mirar a Tobías. Después de asegurarse de que Jorgelina no la miraba, Tania levantó el teléfono de nuevo, y leyó el mensaje que le había enviado su amiga.
Su amiga también jugaba a las cartas en Edificio Flor de Cerezo. Dijo que vio a Tobías y quiso saludarlo, pero lo vio perseguir a Sonia. Luego, los dos se quedaron parados al lado del auto y conversaron por un largo rato.
Tania silenció el teléfono antes de reproducir el video. Vio a Tobías decirle algo a Sonia, luego él la levantó en brazos y la dejó en el asiento del conductor de su auto antes de irse. Era solo un video corto de diez segundos, pero Tania sintió escalofríos en las manos y pies mientras sostenía el teléfono de manera firme.
«¿No están divorciados? Entonces ¿por qué Tobías se subió al auto de Sonia? ¿Y por qué me mintió?». Luego, recordó que, en el banquete de esa noche, Tobías parecía haber estado de su lado, pero en cuanto Sonia hizo el pedido, le dio el Corazón de Océano ya que no quería humillarla. Y el video de ese día…
Tania sintió mucho miedo en su interior. Tenía miedo de que, aunque Tobías y Sonia estuvieran divorciados, Tobías todavía no fuera completamente suyo. ¿Era posible que estuviera destinada a no poder quedarse con algo que había robado?
Cuando Sonia se despertó en el hotel, ya era la mañana siguiente. Recordó que había estado bajo la lluvia la noche anterior y se resfrió, pero cuando despertó, se sintió renovada. Enseguida se acordó de que Tobías la había llevado en auto a la residencia Bahía del Mar la tarde del día anterior. Mientras todavía estaba en un estado confuso, sintió que alguien le había dado de comer algo… «¿Fue Tobías?». Sonia esfumó las imágenes de su mente. Luego se higienizó antes de irse del hotel.
Después de llegar a la oficina, Sonia llamó a Daniela.
—El jefe de Delta vendrá a la oficina a firmar el contrato más tarde, así que tenlo listo.
Daniela estaba sorprendida.
—Presidenta Reyes, ¿logró sellar el acuerdo con Delta?
—Sí.
Aunque Sonia no quería admitirlo, si no fuera porque Tobías había ido a su sala privada la tarde anterior, el jefe de Delta no habría cedido y no habría aceptado el pedido de Compañía Paradigma. Le debía un favor a Tobías.
—Bueno. —Daniela asintió, y enseguida se fue a preparar el contrato.
Después de quitarse el abrigo, Sonia lo colgó en el perchero. Justo cuando estaba por sentarse y organizar los documentos que Daniela le había enviado, el teléfono del escritorio sonó.
—¿Hola? —contestó.
—Presidenta Reyes, un hombre llamado Sergio quiere verla. —Le informó la recepcionista—. ¿Lo conoce?
—Envíelo hacia aquí —respondió Sonia.
En breve, golpearon la puerta de la oficina, y la recepcionista guio a un hombre, que estaba vestido con ropa holgada cómoda y casual. El pelo negro azabache era grueso con las puntas onduladas hacia arriba, y los rasgos faciales eran muy perfectos así que no se le podían encontrar defectos. Era muy atractivo y tenía un porte y elegancia natural. Con ojos entrecerrados, echó un vistazo con despreocupación por la oficina antes de mirar a Sonia.
—Presidenta Reyes, se adapta muy bien. —Sergio caminó hacia el escritorio, luego tomó una silla y se sentó. Comenzó a conversar con Sonia como si fueran buenos amigos—. Solo ha estado en Compañía Paradigma por algunos días, pero ya posee el espíritu de una líder adecuada. No pude percibir que había sido una ama de casa durante seis años.
—No esperaba que el donjuán romántico y sofisticado que no podía rehusar a ninguna mujer fuera el hijo menor del alcalde. —Cuando se trataba de ser mordaz, Sonia nunca era débil.
Sergio levantó las cejas.
—Presidenta Reyes, la halagaba por al fin ser usted misma, y, sin embargo, ¿usted me insulta?
—Lo halagaba por ser popular con las mujeres.
Sergio sabía que esa mujer lucía gentil y decorosa, pero era muy elocuente.
—Sé que el Compañía Paradigma tiene un pedido del exterior y quiere que la fábrica de Delta la produzca, pero conozco un factor que es mejor que producir bienes del exterior —dijo después de acomodar la postura.
—¿Está diciendo que quiere proveerme de recursos? —Sonia lo miró con sorpresa—. ¿Por qué?
Sergio se encogió de hombros; luego dijo de forma casual y relajada:

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