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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 825

"¿Y qué si no me resigno?"

Irene tenía la mirada gélida, sin un ápice de la alegría propia de una futura novia. Solo había en sus ojos un resentimiento y una furia inagotables.

En realidad, se casara o no, la familia Orozco estaba condenada a la ruina.

Pero al casarse, Irene podría adoptar una nueva identidad y mantener su lugar en la alta sociedad.

Podrían llamarla egoísta, decir que no quería renunciar al lujo, o que simplemente no se daba por vencida y buscaba una oportunidad para resurgir.

Como fuera, se negaba rotundamente a mudarse de su mansión a una casa cualquiera.

Al menos, la propiedad de Humberto Valdés era más grande que la de los Orozco. Él tenía innumerables bienes raíces y el dinero le sobraba.

Necesitaba asegurarse de seguir perteneciendo a ese círculo exclusivo, de mantener el capital suficiente para encontrar el momento perfecto de dar vuelta a su situación...

"Bien, hija, a partir de ahora, mamá cuenta contigo."

Helena Domínguez le dio unas palmaditas apremiantes en la mano. "Escuché que la salud de Humberto Valdés no es muy buena. Quizás no le quede mucho tiempo. Cuando muera, al menos te tocará la mitad de su fortuna..."

Aún no se habían casado y ya esperaba su muerte.

Después de todo, Humberto sería el primer esposo de Irene.

En un rato pasaría a recogerla para ir al registro civil; se suponía que era un día feliz.

Pero a los Orozco no les parecía de mal agüero hablar así.

"Mamá, él prometió comprar esta casa para que puedas seguir viviendo aquí. Le dejaremos los asuntos de los Orozco a él. Nosotras aguantaremos el golpe en silencio, pero con la cabeza bien alta..."

A estas alturas, cualquier persona con dos dedos de frente sabía que si Irene se casaba con Humberto, era exclusivamente por dinero y estatus.

Hombres mayores con esposas jóvenes abundaban.

Pero esas mujeres solían provenir de familias humildes o de la vida galante, y no les importaba el qué dirán de la alta sociedad.

Irene era diferente; era una verdadera señorita de la élite.

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