Esa noticia estaba afectando mucho la imagen de Gloria.
Ya llevaba un buen rato en las tendencias. Si Federico hubiera intervenido, ya habría desaparecido.
—Federico salió, seguro está ocupado —respondió Gloria.
—¡Entonces llama a Pablo Ibarra! Cada segundo que pasa, tu reputación se daña más.
Virginia había revisado los comentarios; sin importar qué tan buena pareja hicieran, según los internautas, Gloria era la amante que arruinó una relación.
Había demasiados comentarios negativos.
—No pasa nada si espera a verlo para solucionarlo. Quien tiene que saberlo, ya lo sabe.
No es que a Gloria le diera igual, le importaba todo lo relacionado con Lalo.
Pero las noticias en internet eran verdades a medias; tomárselo muy en serio podría ser contraproducente.
—Tienes razón, los malintencionados seguro ya tomaron capturas y las están difundiendo en privado.
Virginia le dio vueltas al asunto, sintiéndose inquieta. —¿Por qué Federico no fue más cuidadoso? Desde que canceló la boda no había aparecido en público; la prensa estaba sobre él.
—Virgi —la voz de Gloria de repente se volvió más grave—. Hoy Federico me dijo que me daría tiempo para que le confesara algo.
Virginia contuvo el aliento: —...
—Dime, ¿crees que ya sabe la verdad sobre Lalo?
—Difícil saberlo —insinuó Virginia con ambigüedad—. Si aparte de eso no le ocultas nada más, ¿qué otra cosa tendrías que confesarle?
Es decir, solo podía ser ese tema.
Gloria esperaba que su amiga se lo negara, ¿pero en cambio lo estaba confirmando indirectamente?
—Sigo creyendo que es imposible. Jaime Granados no me traicionaría, y Pablo... creo que él tampoco.
Al pensarlo bien, Pablo no tenía ningún motivo para contarle a Federico sobre esa noche que pasaron juntos.


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