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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 743

—No hacía falta que me esperaran.

Al ver que todas lo miraban, Federico pensó que lo estaban esperando para cenar.

Caminó hacia ellas con el celular en mano. Al ver a Gloria cargando a Lalo, su expresión pareció suavizarse, como si una sombra de ternura lo cubriera.

—Tengo que hacer unas llamadas, empiecen a comer sin mí.

Gloria negó instintivamente con la cabeza. —Te espero.

Federico se inclinó y le acarició suavemente su largo cabello oscuro. —No, primero ve a cenar.

Sus dedos se deslizaron entre el cabello de Gloria, apartándolo hacia detrás de sus orejas antes de mirar a Margarita. —Vayan sirviendo.

Margarita soltó un ligero "sí" y, junto con la mayordoma, fue a la cocina para llevar los platillos a la mesa del comedor.

Gloria todavía sentía el rastro cálido de los dedos de Federico en su piel.

Aprovechando que bajó la vista para mirar a Lalo, esquivó sutilmente aquel amago de "abrazo" que Federico intentó darle.

Él, apoyando una mano en el reposabrazos del sofá y la otra en el respaldo, se había inclinado como si la estuviera rodeando.

—Anoche no durmió bien sin ti.

Lalo, entre lágrimas, terminó quedándose dormido, con una pequeña lágrima todavía aferrada a sus pestañas.

El pobre había pasado tan mala noche que el cansancio por fin lo había vencido.

Gloria limpió delicadamente aquella lágrima; al sentir el peso de ese cuerpecito en sus brazos, su corazón se encogió.

—Tú tampoco dormiste bien. Al menos esta noche por fin vas a descansar —dijo Federico. Se enderezó, se quitó el reloj y lo dejó sobre la mesa. —Ve a cenar.

Gloria, sin querer soltar a Lalo, rechazó la sugerencia de Margarita de dejarlo en el cochecito y se lo llevó en brazos al comedor.

Federico le llenó el plato hasta el tope, como si fuera una pequeña montaña, y luego le sirvió un tazón de sopa.

Mientras ella se desvivía por atender a Lalo, Federico se desvivía por atenderla a ella.

En el comedor solo se oía el sutil sonido de los cubiertos contra los platos, mientras Margarita y la mayordoma se escondían en la cocina, cuchicheando en voz baja.

—De verdad, nunca había conocido a un hombre tan considerado como el señor Córdoba.

Capítulo 743 1

Capítulo 743 2

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