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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 686

Federico intentaba hacerle entender que debía dejar de dividir los gastos al milímetro, como si fueran dos extraños.

Gloria apretó los labios. Aunque sus palabras tenían sentido, su matrimonio era por contrato. Esa palabra, "contrato", estaba grabada a fuego en su mente. Sobre todo porque Lalo "no era" su hijo biológico. No podía sentirse tranquila dejándole toda la carga económica del niño.

—Yo... por favor, no vuelvas a comprar cosas tan caras en el futuro.

Sin importar cuáles fueran las intenciones de Federico, Gloria no quería que algo así volviera a suceder.

Los ojos oscuros de Federico se ensombrecieron.

—Gracias.

Tras soltar esa palabra, Gloria le quitó las etiquetas a la ropa y se dirigió a lavarla.

La mayordoma, que había estado observando desde un rincón, se acercó rápidamente para quitarle las prendas.

—¡Ay, Gloria, deja que yo lo lave!

—No te preocupes, yo me encargo. —Gloria no soltó la ropa.

La mayordoma forcejeó con ella hasta el balcón, y finalmente logró arrebatarle las prendas.

—Gloria, hay algo que he querido decirte desde hace mucho tiempo.

La mayordoma echó un vistazo a la sala. Al ver que Federico no estaba prestando atención, cerró la puerta del balcón.

—¿Qué pasa? —Gloria también miró en esa dirección y solo alcanzó a ver la espalda de Federico.

Gloria negó con la cabeza y forzó una leve sonrisa. —No, creo que tienes toda la razón.

Federico realmente se portaba de maravilla con ella y con Lalo.

—Entonces deberías intentar ceder un poco. Hace un momento escuché que querías devolverle el dinero de la ropa de Lalo. —La mayordoma la miró con desaprobación—. Son marido y mujer, ¿qué sentido tiene llevar las cuentas tan separadas? Es demasiada distancia, ¿no te parece?

Gloria no sabía ni por dónde empezar a explicar la verdadera naturaleza de su relación. Solo le quedó darle la razón a la mayordoma: —Tienes razón, no debería mantener tanta distancia.

—¡Cada vez que lo alejas, le rompes un poco el corazón! ¡Después de todo, él está entregado a ti en cuerpo y alma! —aseguró la mayordoma, sin exagerar ni un poco—. A mí me parece que si le pidieras las estrellas del cielo, él encontraría la forma de bajártelas.

La forma en que hablaba le generó a Gloria la extraña ilusión de que Federico realmente la amaba con locura.

—Además, piénsalo... la abuela y la tía de Lalo vienen a visitarlo a escondidas, ¡con tal de no molestarte! —A medida que hablaba, a la mayordoma se le escapó el secreto de las visitas clandestinas de Alicia y Paulina.

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