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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 646

Federico dejó los pastelitos, fue a lavarse las manos y, al volver, se sentó junto a Gloria para cargar a Lalo.

—La cena tardará un rato, cómete un pastelito primero.

Gloria sintió los brazos vacíos; Federico le había quitado a Lalo con un movimiento rápido y experto.

—No quiere con nadie más, en cuanto Margarita o el ama de llaves lo tocan, se suelta a llorar.

Gloria, por instinto, intentó recuperar al bebé.

Después de la siesta, Gloria no lo había soltado. Margarita y el ama de llaves se habían acercado para ayudar, pero no pasaban ni dos segundos antes de que el pequeño empezara a quejarse y a retorcerse.

—Así está perfecto —dijo Federico. Se acomodó en el asiento y Lalo se quedó tranquilo en sus brazos, parpadeando con pesadez, portándose de maravilla.

Margarita acomodó los pastelitos en un plato y se los ofreció a Gloria.

—El niño está más apegado a ustedes. Ándele, señora, coma, que con esta lluvia no fue nada fácil hacer fila para comprarlos.

Gloria tomó el plato. Ver lo increíblemente bien portado que estaba Lalo en los brazos de Federico le provocó un nudo en el pecho, una mezcla de emociones difícil de explicar.

—Señor Federico, ¿adónde fue esta tarde? La señora Gloria estaba muy preocupada de que no hubiera comido, se la pasó distraída todo el día.

Margarita le tendió un tenedor pequeño a Gloria, haciéndole señas para que le diera un bocado a Federico.

Al verse expuesta tan de repente, Gloria se quedó pasmada y luego empezó a entrar en pánico.

¿En qué momento se había preocupado por si él había comido o no? ¡Ella había estado pensando en el acuerdo entre Lucas y el Grupo Larrinaga!

—¿Ah, sí? —Federico la miró de reojo y luego bajó la vista hacia el plato—. Quiero probar el pastelito de dátil.

Margarita sonrió de oreja a oreja.

—A la señora le encantan los de dátil, tienen gustos muy parecidos.

Gloria apretó tanto el tenedor que los nudillos se le pusieron blancos.

Relajó la mano, pinchó un trozo de pan y se lo acercó a los labios a Federico.

Ella recordaba perfectamente que a él no le gustaban las cosas dulces.

Sin embargo, Federico se comió el bocado y hasta pareció saborearlo con gusto.

—Está muy bueno.

Al ver la escena, Margarita se sintió muy satisfecha y se fue sonriendo a la cocina para ayudar al ama de llaves con la cena.

Federico se metió un trozo de carne a la boca y masticó despacio, como si estuvieran platicando del clima.

Gloria lo rechazó de tajo.

—Ya firmé mi contrato, no pienso renunciar.

Se quedó esperando a que Federico le debatiera, pero él parecía haber tocado el tema solo por conversar. Tras su negativa, no volvió a decir nada.

Lalo durmió de corrido hasta la medianoche. Cuando se despertó, Gloria le dio pecho e intentó arrullarlo, pero el bebé ya no quería dormir.

No le quedó de otra que encender la lámpara de noche y quedarse con él, vencida por el sueño y apenas capaz de mantener los ojos abiertos.

De pronto, sonaron unos ligeros toques en la puerta.

Gloria abrió los ojos de golpe y miró hacia la entrada.

Federico empujó la puerta y entró caminando de puntillas.

—¿Por qué no te has dormido?

Tenía la luz de su cuarto encendida, y el resplandor llegaba hasta donde él estaba.

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