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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 633

Irene lo vio y su expresión se ensombreció aún más que la de él.

Aunque Federico no tenía la misma expresión feroz que los otros, su rostro estaba tenso y transmitía una frialdad que mantenía a cualquiera a distancia.

Eso atemorizó aún más a Irene.

—Fede, ¿podemos hablar a solas?

Federico se quitó el saco del traje y se sentó en el sofá.

—Si no quieres hablar, vete. Nadie te obliga a estar aquí.

A Irene no se le podía creer ni la mitad de lo que decía. Pero como el asunto tenía que ver con Gloria, Federico no quería perderse ni el más mínimo detalle.

Irene se mordió el labio y, tras pensarlo un momento, decidió no desaprovechar esa rara oportunidad de hablar con él.

—Ya conoces el origen de Gloria. Los Mendizábal son un nido de víboras. Si estás con ella, tendrás un sinfín de problemas...

Federico la interrumpió:

—¿Eso es todo?

—Yo... —Irene dio dos pasos hacia él—. Fede, tu madre no está aquí, así que podemos hablar con la verdad. Es cierto que te mentí antes, ¡pero lo hice porque te amo demasiado! Crecimos juntos, deberías conocerme; no soy una mala persona, solo estoy loca por ti y quiero que nos casemos...

»Ni en lo personal ni en lo profesional tienes motivos para elegir a Gloria. Vengo de una mejor familia, los Orozco tienen mejor reputación que los Mendizábal y no te causaré problemas. Si lo que te detiene es ese niño, puedes traerlo a casa y ponerlo a mi nombre. ¡Te juro que lo criaré como si fuera mío!

La sala estaba iluminada como si fuera de día, pero el rostro de Federico seguía viéndose sombrío.

Con la mandíbula tensa, esbozó una sonrisa cargada de sarcasmo, como si la situación le resultara tan ridícula que hasta le diera risa.

—Órale, vete ya. ¿No ves que estamos ocupados aquí?

Raúl la corrió sin el más mínimo tacto.

—¡Fede! Aunque tu madre no esté de acuerdo, no puede detenerte. Dame una oportunidad. Te juro que en cuanto me embarace de ti, me dejará entrar a la familia. Tú...

Por más que Irene sabía que las palabras de Federico eran una excusa barata para deshacerse de ella, seguía aferrándose a una esperanza absurda, fantaseando con que las cosas saldrían como ella quería.

Raúl se levantó y empezó a empujarla hacia la salida.

—¡Mesero! ¡Saque a esta mujer de aquí!

—¡Raúl, eres un imbécil! —Irene rompió a llorar mientras forcejeaba—. ¡Lo haces a propósito! ¡Estás enamorado de Fede, me das asco! ¡Eres un marica igual que tu padre, eres una vergüenza...!

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