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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 626

Gloria terminó de empacar, salió con la pañalera azul en la mano, y Federico se emparejó con ella empujando la carriola.

—Señor Mendizábal —asintió Federico a modo de saludo.

—Señor Córdoba —respondió José devolviendo el gesto.

Gloria también se detuvo un momento.

—Hasta luego, señor Mendizábal. Tengan buen viaje de regreso.

Tras despedirse, bajó los escalones. Al pasar junto al coche de los Mendizábal, dudó un segundo; desde afuera todavía se alcanzaba a escuchar a Yolanda regañando a Virginia sin parar.

Gloria retomó el paso y se alejó con paso firme.

José se quedó en silencio viendo cómo se marchaban.

La relación entre Gloria y Federico...

Incluso si no lo hiciera a escondidas, a ella le sobrarían maneras de ver a Virginia.

Si actuaba así, era por consideración a los sentimientos de José y Yolanda.

Un cúmulo de emociones encontradas invadió el pecho de José mientras miraba hacia el interior del coche. En el fondo, la que de verdad no podía soltar el rencor... era Yolanda.

El coche dejó atrás las afueras de la ciudad, donde el tráfico era escaso, y se adentró en las concurridas calles de la zona comercial. Federico tenía que pasar a la oficina por unos documentos.

Cuando él se bajó del auto, Gloria apenas iba saliendo de su ensimismamiento.

—Mejor pido un taxi para ir a la casa.

—Solo subo por unas cosas y bajo rápido. Nos vamos juntos —dijo Federico, recargándose en la puerta del coche y agachándose para verla tan distraída.

Precisamente porque la notaba tan distraída, no iba a dejar que se fuera sola.

Durante todo el trayecto, el silencio de Gloria inundó el interior del auto.

Federico recordó que la última vez que la había visto con esa actitud fue el día antes de que le pidiera el divorcio.

También fue en el coche; no dijo ni una sola palabra en todo el camino, con la mirada baja y los ojos opacos.

—¿Vas a estar en la casa hoy? —preguntó Gloria de pronto.

—Sí —respondió él—. ¿No me dijiste que tenías algo de qué hablar conmigo?

—Entonces no tardes, aquí te espero —Gloria todavía traía la cabeza hecha un lío y quería un momento de paz.

El asunto de los Mendizábal y su relación con Virginia no era un problema nuevo.

Gloria asintió y, tras dudarlo un momento, propuso:

—Mejor tú cuida a Lalo y yo hago la comida.

Comparado con cocinar, cuidar a Lalo era un trabajo fácil.

El pequeño acababa de comer y dormir, solo había que echarle un ojo mientras estaba en la carriola.

Le resultaba bastante incómodo dejar que Federico le cocinara.

—No es necesario —Federico sacó los ingredientes del refrigerador y empezó a acomodarlos metódicamente—. ¿No tenías algo que decirme?

Gloria asintió.

—Te lo digo al rato, mientras cenamos.

Con Federico ocupado, no pensaba sacarle en ese momento la lista de gastos para que la revisara.

Federico arqueó una ceja; en el fondo, una sutil expectativa comenzó a crecer sobre lo que ella quería decirle.

Por eso mismo se había tomado la molestia de darle el día libre a la ama de llaves y a Margarita. Quería que estuvieran completamente solos.

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