Gloria sostenía el teléfono con el hombro mientras le cambiaba el pañal a Lalo.
—Ni idea.
—¡Pues acaba de entrar y ya lo metieron en el proyecto más prometedor de la empresa! —Mirella sonaba en shock—. ¡El señor Federico lo está consintiendo demasiado!
Gloria se detuvo un momento.
—¿Ya lo metieron a un proyecto?
—Sí —afirmó Mirella—. Increíble, ¿no? El señor Federico nunca le había dado privilegios a nadie en el trabajo.
Gloria conocía muy bien ese proyecto de Holding Rivadeneira y sabía lo importante que era.
Hasta tener un papel de relleno en ese proyecto sería un gran logro para el currículum de cualquiera. Para alguien supuestamente nuevo como Tomás, era empezar en la cima.
Si Federico lo estaba poniendo a prueba... ¿no se estaba arriesgando demasiado?
Mientras pensaba en eso, escuchó que entraba otra llamada a su celular. Era Tomás.
—Mirella, te dejo, tengo cosas que hacer.
Gloria cortó la llamada con Mirella y contestó la de Tomás.
—Señorita Gloria, ¿tiene chance de que nos veamos a mediodía? —La voz de Tomás sonaba muy baja; a esa hora se suponía que estaba trabajando.
—¿Pasa algo? —preguntó Gloria con tono neutral.
—Sí, algo urgente. Y grave.
Su tono era pesado, no sonaba a que estuviera bromeando.
—Voy para allá.
Gloria colgó, terminó de acomodar a Lalo y salió de la casa.
Cerca de Holding Rivadeneira había un restaurante de comida típica local muy bueno.
Casualmente, Tomás había elegido ese mismo lugar. Se encontraron en un salón privado en la planta alta.
La última vez que Tomás vio a Gloria, traía ropa casual y tenía una vibra de vividor irresponsable.
Hoy, de traje y corbata, cada uno de sus movimientos reflejaba la madurez de un hombre de negocios. Parecía otra persona.
Tomás era guapo, listo y tenía mucho tacto para tratar a la gente.
En menos de una hora ya se había ganado a todo el departamento. La impresión que tenían de él era muy buena.
Pero en cuanto lo metieron al proyecto por dedazo, la actitud de sus compañeros cambió de golpe.
—Puedes decir que no —le contestó Gloria de forma directa—. Nadie te está obligando.
—Me da miedo que si me niego, el señor Federico se enoje y te cause problemas —preguntó Tomás de forma cautelosa—. ¿Cuál es la situación real entre ustedes dos?
Gloria esquivó la pregunta.
—Si tienes que decir que no, hazlo. Federico no se va a desquitar contigo, él sabe separar el trabajo de lo personal.
Tomás se quedó callado unos segundos y volvió a preguntar:
—¿Por qué me metiste a Holding Rivadeneira en vez del Grupo Larrinaga?
En cuanto terminó de hablar, el sonido de unos pasos afuera del salón privado se detuvo de golpe.

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