Los recuerdos de aquella noche le cayeron de golpe, reconstruyendo todo lo que había pasado.
Gloria lo interrumpió rápido, apenada. —Solo quería confirmar que no hubiera fallas, es todo.
Se sentó rápido en el sillón y le quitó el otro expediente a Federico. —¿Y esto qué es?
Federico, con los codos apoyados en las rodillas, se giró un poco para verla. —El historial de Tomás.
Todo el pasado de Tomás en el extranjero había sido borrado. No había forma de rastrearlo.
Pero sí podían ver todo lo que había hecho desde que llegó al país. Después de supuestamente estudiar fuera, Tomás regresó y le pagaron tutores privados.
Terminó la secundaria y la preparatoria en chinga, y a los quince años lo metieron a una de las mejores universidades del país.
En Río Alicante, todo el mundo decía que su título universitario había sido a billetazos. Digo, si a los quince años nadie entra a la universidad normal, menos a una de élite.
Y como era de esperarse, cuando entró, se la pasaba de pinta. Rara vez se paraba en un salón de clases.
En cuanto cumplió los dieciocho, se volvió cliente frecuente de todos los antros y casinos de Río Alicante. Le encantaba apostar, andar de mujeriego y ganarse una fama de lo peor.
—Tomás tiene una pésima reputación —suspiró Pablo—. Con razón hasta la fecha no lo han dejado meter ni un dedo en Grupo Mendizábal.
—¿Pero de verdad es tan mala persona, o solo tiene mala fama? —cuestionó Gloria.
Aunque lo había visto muy pocas veces y el tipo tenía facha de valemadrista, se acordó de un par de cosas que él le había dicho en el antro.
Y la forma en que lo dijo... Había una tristeza muy cabrona en su mirada. Por más que le daba vueltas, Gloria no creía que un junior hueco pudiera hablar ni expresarse así.
—Anduve preguntando, y resulta que todos los amigos íntimos de Tomás ya tomaron las riendas de sus empresas familiares —comentó Pablo—. En teoría, si él es un perdedor, ya no encajaría en ese círculo. Pero, por lo visto, siguen siendo súper unidos y sus amigos no lo hacen menos por ser un "nini".
A Pablo le parecía muy raro.
En ese ambiente empresarial, los tipos como Federico eran a quienes todos querían lamerles las botas.
Un verdadero junior parásito andaría rodeado de otros parásitos igual de briagos y fiesteros. Esos dos mundos no se mezclan.
Hablando del rey de Roma...
Gloria le pasó el celular a Federico para que lo leyera.
Él le echó un ojo y se lo regresó. —Qué bueno que dio el primer paso. Hubiera sido peor si no nos buscara.
Gloria tecleó su respuesta: [De acuerdo, pásame la ubicación.]
Tomás la citó al día siguiente a las diez de la mañana en una cafetería del centro de Río Alicante.
—¿Quieres que te acompañe? —le preguntó Federico.
Gloria negó con la cabeza. —No hace falta. Esa cafetería está en una zona súper transitada. Si Tomás quisiera hacerme algo malo, no me hubiera citado a plena luz del día y con tanta gente.
Federico asintió. —Está bien, ve tranquila. Yo me quedo a cargo de Lalo.
Escucharle decir eso con tanta seguridad, la llenó de una profunda paz.

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