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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 597

Federico tensó la mandíbula y de inmediato su expresión se volvió sombría.

—Si tiene algo que proponerme, señor Muñoz, hable claro.

La sonrisa de Muñoz se ensanchó.

Empujó la taza de té hacia Federico.

—Solo sentía curiosidad por su vida personal, pero obviamente no es mi intención meter las narices. Los masajistas de este lugar son de primera, le sugiero que se relaje un rato. Por ahora, mejor platiquemos sobre el proyecto del Consorcio Río Claro.

Federico le echó un vistazo rápido al té, levantó la taza con tranquilidad y le dio un sorbo.

Al verlo beber, la sonrisa de Muñoz se convirtió en una expresión de pura satisfacción.

—Tengo entendido que ese proyecto era de los Mendizábal. ¿No le parece una falta de respeto habernos metido a la fuerza? —preguntó Muñoz.

Lucas le tenía mucha fe a ese proyecto.

Con tal de quedar bien con Federico, le había preguntado si quería que unieran fuerzas para desarrollarlo juntos.

En ese momento, Federico ya lo había dejado solucionado.

Pero después, intervino sin avisar y le pasó el control total a Santiago.

Lucas había buscado al señor Muñoz en varias ocasiones para preguntarle si le estaban jugando chueco y robándole el negocio.

Fue entonces cuando Muñoz se dio cuenta de que Federico había usado una táctica para ponerlos en contra.

Si renunciaba al proyecto, significaba que Santiago era un inútil y perdería a su mejor hombre.

Pero si no lo dejaba, se echaría de enemigos a los Mendizábal, y sus oportunidades de controlar la filial de Río Alicante se irían por la borda.

—Si al señor Muñoz le parece una mala idea, tiene todo el poder para cancelarlo —respondió Federico.

Federico se recargó en su silla, totalmente relajado, cerrándole cualquier oportunidad de sacar ventaja.

Al ver que no podía acorralarlo, el señor Muñoz decidió cambiar de estrategia.

—Hay un dicho que dice que el alumno supera al maestro. Yo lo vi crecer, muchacho, y la verdad es que jamás imaginé que tendría más agallas que su propio padre.

Federico acarició el borde de la taza con el pulgar.

Bajo la atenta mirada del otro hombre, le dio otro sorbo a su bebida.

En cuanto la taza quedó a la mitad, Muñoz se apresuró a rellenarla.

—Bueno, bueno. El mundo de los negocios ahora le pertenece a los jóvenes, así que me haré a un lado. Solo espero que, de ahora en adelante, tenga un poco de paciencia con Mauricio y le enseñe un par de cosas.

Se había quitado todo menos la ropa interior y caminaba hacia él contoneando las caderas de forma exagerada.

La otra mujer, sin querer quedarse atrás, se quitó lo poco que le quedaba encima y corrió tras su compañera.

—¡Si al menos pudieran pasar una sola noche con el señor Córdoba, podrían darse por satisfechas!

Las dos mujeres miraban la espalda de Federico con un deseo imposible de disimular.

Ellas eran masajistas de servicios especiales en ese club exclusivo.

Estaban acostumbradas a atender a toda clase de viejos rabo verdes y clientes extraños, pero jamás les tocaba un hombre joven, musculoso y guapo.

Federico era un espécimen rarísimo: estaba en la cima del mundo tanto en belleza como en cuenta bancaria.

¡Nunca en su vida habían tenido a un hombre tan perfecto frente a ellas!

Pero Federico ni siquiera se inmutó.

Levantó su taza y volvió a tomar un sorbo de té.

Las mujeres, al ver esa espalda tan ancha, fría y distante, sintieron que el miedo se apoderaba de ellas.

Su instinto les gritó que se detuvieran, y no se atrevieron a dar un paso más.

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