Entrar Via

El Marido que no supo perder romance Capítulo 231

—¡Me encanta! Tío Sendo, ¿podrías hacerle un robot a Copito también en el futuro?

Rosendo Almenar aceptó sin inmutarse.

—Claro.

A su lado, varios ingenieros ni siquiera se atrevían a respirar.

No llevaban un día o dos trabajando en Corporación Almenar, pero ¿cuándo habían visto al presidente ser tan complaciente?

Rosendo, actuando como si no notara la reacción de los demás, se dedicó a llevar a la pequeña por todo el lugar. Cada vez que ella mostraba interés por algo, le permitía manejarlo y jugar con sus propias manos.

***

Los días pasaron uno a uno.

Rosendo parecía haberse acostumbrado a su nueva rutina. Todos los días, a las seis en punto, aparecía frente a la clínica de Gretel Mendoza para esperarla a la salida del trabajo.

Si a ella le tocaba hacer horas extras, él iba directamente a recoger a Valentina para llevarla a casa y luego preparar los platillos que a ambas les gustaban.

Esa tarde, Rosendo llevó a Gretel a una recepción privada.

Aunque la llamaban una «reunión de amigos», todos los presentes pertenecían a la alta sociedad.

Gretel llevaba puesto un vestido camisero de satén en tono azul grisáceo, con el cabello recogido en una coleta baja que resaltaba su cuello esbelto y elegante. Se veía impecable, irradiando un aura de distinción.

Con una mano apoyada suavemente en la cintura de ella, Rosendo la guio para saludar a varios conocidos.

Justo cuando la estaba presentando a una inversionista, Lucas Paredes se acercó balanceando una copa de vino tinto.

Le dio un rápido vistazo a Gretel y un destello oscuro cruzó por sus ojos. Luego, miró a Rosendo y alzó la copa a modo de brindis.

—Rosendo, cuánto tiempo sin verte. ¿En qué has estado tan ocupado? —preguntó. Y sin esperar respuesta, cambió el tono bruscamente—: Vaya, ¿la doctora Mendoza también está aquí? Desde lejos, casi pensé que eras la señora Almenar.

El comentario estaba cargado de sarcasmo.

Gretel no movió un músculo, sosteniendo su copa con absoluta serenidad.

Ella sabía que él solía practicar boxeo y artes marciales, pero también sabía que un hombre tan inalcanzable y contenido como él jamás daba el primer golpe.

Lucas clavó su mirada en Rosendo, sintiendo una mezcla de cobardía y arrepentimiento.

Aunque se conocían desde la infancia, la familia Almenar era una entidad que ni siquiera diez familias Paredes juntas podrían desafiar. Aunque le hubieran roto la cara, su única opción era apretar los dientes y aguantar.

Pero justo cuando estaba dispuesto a tragarse el orgullo, la imagen de Catalina llorando desconsoladamente cruzó por su mente.

Al segundo siguiente, con los ojos inyectados en sangre, Lucas se abalanzó sobre él y le propinó un golpe directo en la mejilla derecha.

Ambos se enfrascaron en una pelea de inmediato. Gretel y un par de amigos reaccionaron rápido, acercándose para separarlos, algo que lograron tras un gran esfuerzo.

Lucas tenía los ojos enrojecidos, un lado del labio completamente hinchado, la nariz torcida y un sangrado nasal que no se detenía.

La condición de Rosendo era mucho mejor. Simplemente levantó una mano para limpiarse un rastro de sangre de la comisura de la boca y luego se acomodó el saco del traje con total indiferencia.

Se quedó de pie, observando a Lucas. Aunque sus ojos no reflejaban ninguna emoción evidente, emanaba una postura de absoluta superioridad.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Marido que no supo perder