"No eres ella para saberlo." Dijo Maxi con voz grave.
En el rostro de Noemí apareció una sonrisa cargada de sarcasmo cuando dijo: "Si una mujer ama o no a un hombre, se sabe por la forma en que lo mira y en su mirada, yo no vi nada. En realidad, lo sabes muy bien, ¿no es así? Nunca imaginé que un día, un genio como tú se engañaría a sí mismo. Es realmente ridículo". Noemí sonrió, y mientras lo hacía, las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas una vez más.
"Maxi, ¿por qué no te giras para mirarme? Te amo tanto que estoy dispuesta a hacer cualquier cosa por ti, ¿pero por qué no puedes verlo, por qué no estás dispuesto a voltearte y mirarme siquiera?" Cuestionaba Noemí sin parar, al parecer su amor se había convertido en obsesión.
"La persona que amas, no te valora, ¿por qué no podría darle una lección? Estoy defendiéndote." Noemí no creía haber hecho nada malo, si había un error, era amarlo demasiado.
"No me amas." Dijo Maxi.
Noemí se quedó perpleja, y al momento siguiente estalló en carcajadas, preguntando: "¿Qué dijiste?"
Maxi la miró, su expresión serena y su tono indiferente cuando dijo: "Cuando éramos niños, te acercaste a mí por mi apellido. En la secundaria, seguías pegada a mí, aún por ser un Velasco".
Noemí iba a responder, pero Maxi levantó la mano para detenerla y continuó hablando: "No tienes que negarlo. En segundo año de la secundaria, viniste a mi fiesta de cumpleaños y escuché la conversación que tuviste con tu madre en el área de descanso."
Noemí se sintió como si le hubieran caído rayos.
"Confundiste la misión con el amor y con el tiempo, te autoconvenciste de que realmente me amabas, pero no es así. Todo fue autohipnosis." Argumentó Maxi.
"No, no es así." Dijo Noemí rápidamente, negando con la cabeza.
No era de extrañar que desde entonces él se distanciara, y que al año siguiente se fuera del país.
Noemí sintió renacer una esperanza, mirándolo con anhelo.
"La familia Sandell no es algo con lo que la familia Lamas pueda lidiar. Si no quieres que tu familia sufra por tus acciones, no necesito enseñarte qué hacer." Dijo Maxi sin piedad.
Noemí sintió la frialdad de sus palabras, y una sonrisa triste apareció en su rostro.
Maxi, realmente era muy despiadado.
"Gracias por el aviso, presidente Velasco." Ese 'presidente Velasco' sonó como una burla, como diciéndole que no lo molestaría más.
Al segundo siguiente, la puerta del salón se cerró, y desde el interior se escuchó un grito agudo y loco.

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